Mis primeros días en Japón

¡Saludos desde Tokio! Llevo casi dos semanas aquí y ya me ha pasado de todo, desde perderme en el metro hasta vivir mi primer terremoto.

Sigo con el papeleo: tarjeta de residente, registro en la oficina de la ciudad, registro en la seguridad social, abrir una cuenta en un banco, otras cuestiones relativas a la universidad, por poner algunos ejemplos… ¡Un tostón! Pero hoy no os voy a aburrir con todo eso y me voy a centrar en unas cuantas cosas curiosas que me han llamado la atención en estos primeros días.

1Shinjuku hace unos días, la zona de Tokio donde vivo

Una de las primeras cosas que constaté es que la amabilidad japonesa es real. Por lo general, si preguntas por alguna dirección te lo explican con todo lujo de detalles. Cuando te responden algo y ven que no los entiendes, intentan hablarte en inglés como buenamente pueden o se toman la molestia incluso de escribírtelo y hacerte dibujitos.

Por poneros algunos ejemplos, el primer día llovía torrencialmente y gente que no conocía de nada me prestó un paraguas. Para colmo, me llevaron en coche hasta mi residencia porque no la encontraba, envolviendo mis maletas en bolsas de plástico para que no se mojaran. Otro día una chica por la calle se me acercó porque supongo que me vio perdida (y sí, por enésima vez lo estaba), le pregunté dónde estaba un sitio al que tenía que ir y la chica incluso se subió en el metro conmigo para indicarme donde estaba (sí, hasta pagó su billete de metro sólo para acompañarme y luego se volvió).

En el metro y demás transportes no hay ni voces, ni carreras, ni móviles sonando. Todo el mundo va callado, leyendo o incluso durmiendo. Los nombres de las paradas están escritos tanto en kanji, como en hiragana y alfabeto “occidental”, así que no os preocupéis si no sabéis leer en japonés. A veces va llenísimo de gente, y se meten a presión, así que no se hace apto para claustrofóbicos, aunque tienen un sistema de ventilación por el que entra aire y algo se agradece. Otras veces, por el contrario, se va estupendamente. Como curiosidad, cada vez que va a salir de alguna parada, suena una musiquita monísima que te llena de amor para avisar que van a cerrar las puertas (aunque me imagino que la musiquita se convertiría en algo muy vacilón si vas corriendo para cogerlo y se te cierra la puerta en los morros). Y juraría que es una diferente en cada estación.

2Metro de Tokio… ¡para una vez que lo pillo vacío!

Andando por las calles, una de las cosas que más me llama la atención, es la cantidad de máquinas expendedoras que hay, con bebidas extrañísimas (que, por supuesto, las pienso probar todas :P). También, la gente va caminando por la izquierda, al igual que los coches. Si vas por la derecha no pasa nada, y menos si te ven esa cara de guiri, pero parece que lo más correcto es hacerlo por la izquierda.

3Máquinas expendedoras everywhere! (esta imagen es la única que no es mía, pero prometo que es así)

Otra de las primeras cosas que he hecho es, obviamente, entrar en las tiendas. Los dependientes, cuando vas a pagar o te los cruzas, empiezan a decir todo tipo de fórmulas protocolarias y te hacen mil reverencias. La primera vez me quedé pensando: ¿todo eso me lo están diciendo a mí? Parecen incluso robots y supongo que hasta que te acostumbras te hace gracia. No sé cómo corresponder ante tanto protocolo y al final acabo tan abrumada que siento la imperiosa necesidad de corresponderles de alguna manera. Por eso termino inclinando la cabeza y sonriendo porque… ¡no sé qué decir!

Una de las cosas que no sabía es que cerca de los mostradores, en el suelo, hay una serie de flechas que te indican donde tiene que ir la cola para pagar y que mostrador te corresponde. Hay tiendas en las que incluso suena, de nuevo, una musiquita muy mona cuando vas a pagar para que el dependiente sepa que estás ahí.

La dificultad mayor a la que me he enfrentado en las tiendas es que a veces no sabes ni qué estás comprando, sobre todo si tu conocimiento de kanji (carácteres chinos que usa el japonés) es limitado, como es mi caso. De manera que algo tan cotidiano como comprar se convierte en una aventura (por ejemplo, el otro día estuve a punto de comprar jabón para los platos creyendo que era champú).

Hay tiendas de 24 horas por todos lados, los llamados konbini. Son realmente prácticos y tienen de todo, desde comida preparada hasta productos de papelería. He notado que el precio, eso sí, es ligeramente mayor que en otros sitios.

4Estas cositas tan ricas me las compré el otro día en el konbini

Otro aspecto que me tiene toda loca es el tema de la basura. Lo reciclan prácticamente todo, excepto los desperdicios orgánicos, claro está. Tienen la basura perfectamente clasificada e incluso cosas como los envases son desmontados, lavados y clasificados por partes antes de tirarlos. Todo queda muy ordenadito en el sitio de recogida y cada día recogen un tipo de basura diferente. Al parecer, si no lo haces tal y como lo dicen las normas, no te recogen la basura. No hay papeleras por las calles tal y como las conocemos en España, sino una serie de cubos para que tires tu basura en el lugar que corresponda. Como curiosidad y a modo de ejemplo, es habitual verlos a la salida de las tiendas de 24 horas y también al lado de las máquinas expendedoras tienen recipientes para que tires la botella una vez la hayas consumido.

Hasta aquí por hoy. Espero que os haya resultado interesante, aunque sea un poquito. Próximamente más.

 

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