Lo que no me gusta o me choca de Japón

Japón es un país maravilloso. Gente muy amable, comida riquísima, sitios preciosos y una cultura enormemente interesante.

Dicho todo esto, parece que es el país ideal para venirse a vivir y pasar aquí el resto de la vida, pero bajemos de la nube. Tiene inconvenientes. Cosas que chocan: pueden ser desde divertidas o curiosas hasta realmente molestas.

Un pequeño aviso antes de empezar: se trata de mi experiencia personal, de lo que he visto, sentido o vivido en estos casi 6 meses que llevo en Tokio. Por lo tanto, no se trata de una verdad universal e inmutable. Otra persona ha podido tener una experiencia diferente o haber visto las cosas de otro modo. Las opiniones pueden diferir, y mucho.

Precios altos

Por lo general, en Tokio los precios son elevados.

En cuanto a la comida, se me dispara el precio de la compra: aquí gasto casi el doble de lo que gastaba en España. No es que las cosas estén el doble de caras. Para nada. La mayoría de los precios son normales, pero otros no. Por ejemplo, la fruta y la verdura son muy caras por lo general. Los productos extranjeros también lo son. Además, las proporciones son pequeñas (por ejemplo, una caja de galletas con cuatro galletas, un envase de mortadela o jamón con cuatro lonchas o una bolsa de tomates con dos tomates, literal), por lo que tengo que ir a comprar más veces.

7Yo pagando la fruta

Los alquileres también son caros. Yo vivo en una residencia de estudiantes, en una habitación individual pequeña y con servicios comunes como cocina y ducha, y me sale por unos 650 euros al mes (tengo que decir sin embargo que la luz es infinitamente más barata que en España). Bien es cierto que estoy en el centro, pero aun así lo veo caro. Y no es de los alojamientos más caros. Calculo que está en la media.

El transporte igualmente es muy caro. Yo me siento una privilegiada por vivir al lado de la universidad y por tanto no lo tengo que coger diariamente. Sólo lo utilizo los fines de semana cuando quiero o tengo que ir a algún sitio, y aun así tengo que estar recargando las tarjetas de tren y metro frecuentemente. Así que me imagino que la gente que lo tiene que usar todos los días se deja una buena pasta.

 Si eres chica…

Es lo que más me molesta y lo que me hace tener impulsos de coger la maleta e irme para siempre. Luego me doy cuenta de que en España y en todos los países del mundo suele pasar también, en mayor o menor medida, y se me pasa. Es decir, esto no es una especificidad de Japón, pero creo que aquí se acentúa.

Me explico. Si eres chica y vas con un amigo de turismo (da igual que sea extranjero como tú o japonés) como es muchas veces mi caso, olvídate de que la gente se dirija a ti. Siempre se van a dirigir a él. Guías turísticos, camareros, conductores, vendedores de tickets, etc, siempre van a hablar con él. Vas a un restaurante y la cuenta se la dan a él. Incluso si eres tú la que pagas toda la cuenta, la vuelta se la siguen dando a él. Si eres chica y vas con un chico, tú no existes.

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Otro tema es que a mí me ven como a un bicho raro por tener más de 25 años y seguir estudiando (y no haberme casado). Se creen que soy rica y por eso me lo puedo permitir (normal, aquí las tasas de la universidad están por las nubes). La edad “crítica” de las chicas para casarse es 25 años, a partir de ahí, en esta mentalidad, vas “para abajo”.

 ¿Hay alguien que sepa inglés?

Aquí en Japón muy poca gente sabe inglés. Ahora bien, quien lo habla lo habla muy bien. Al principio, cuando tenía que entablar conversación y preguntarle algo a alguien siempre preguntaba primero si hablaba inglés. Si te dicen “un poco”, olvidaos: es que no saben. Lo digo porque yo me lo tomaba al pie de la letra y hablaba el inglés más simple que podía para que me entendieran y no comprendían nada. Supongo que es otra de las cosas de este país: no te hablan claro. Creo que lo hacen porque les da reparo decirte que no tajantemente y porque quizás les da vergüenza no poder ayudarte.

Como decía, hay gente que sí lo habla. En la universidad, en los centros turísticos, en los aeropuertos… En esos sitios, al menos yo, no he tenido ningún problema.

Otra cosa que suele pasar es que, para ellos, tú eres siempre la extranjera y como tal dan por hecho que no tienes ni idea de japonés y que sabes inglés. Evidentemente me resulta infinitamente más fácil hablar en inglés, y en cierto modo se agradece que hagan el intento de hablarte en inglés pero… ¡quiero que me hablen en japonés para practicar!

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Frialdad

Son un encanto, sí. Pero son muy fríos. Y esto no lo veo como algo malo. Simplemente me choca.

Olvidaos de los dos besos cuando te encuentras o presentan a alguien (cosa que me parece GENIAL, ¿por qué voy a tener que darle dos besos a un desconocido?), pero es que a los japoneses incluso les da vergüenza dar la mano a modo de saludo. Recuerdo una vez que me presentaron a alguien y extendí la mano y la chica me dio la mano, pero riéndose, y todos los que estaban alrededor también (esta guiri dando la mano… ¡qué ocurrencias tiene!). Otras veces la he dado y no ha pasado, pero es evidente que no es lo más normal darla. Lo más normal es una pequeña inclinación de cabeza o una reverencia y punto.

Evitan el contacto físico a toda costa (excepto en el metro a hora punta, ahí tienes todo el contacto físico que quieras). Ni una palmadita en señal de amistad ni nada. Percibo que si lo hacen es porque realmente te consideran tu amiga. Recuerdo que una de mis amigas me puso la mano en el hombro durante unos segundos y yo estaba como: AHHHHHHHH, CONTACTO HUMANO. Me emocioné y todo, oye. Y eso que yo soy muy fría también para estas cosas, pero creo que no llego a este punto.

Tampoco verás a much@s chicas y chicos comiéndose los morros por la calle. No, no. Después de llevar unos meses en Japón, vi a un chico y una chica simplemente abrazándose y yo pensé: ¡qué porno, recemos 100 padrenuestros!

Por ejemplo, me chocaba mucho que mi amiga japonesa no le dijera absolutamente nada a su novio cuando se encontraban. No digo que se metan un morreo, pero no sé, un abrazo, un “hola, cómo estás”, una palmadita en la espalda, no sé, ALGO. Además, se trataban de “-san” (un sufijo honorífico de respeto, que marca distancia). De hecho, yo llegué a pensar que quizás me había confundido y que no era ese chico su novio. Pero sí que lo es, según me han contado ella y él por separado, si no no me entero.

Nadie protesta… ¿Tienen sangre en las venas?

En general, son gente muy ¿conformista?, ¿alienada? , ¿”anestesiada”? Que no digo que en España no haya gente así. Por supuesto que la hay. Demasiada. Pero en Japón parece que el número es muchísimo mayor, lo que es terrible. Por ejemplo, aquí no hay grandes manifestaciones como las que conocemos en Occidente. Una manifestación que en España se consideraría un fracaso por el bajo número de manifestantes, aquí se consideraría un éxito con el mismo número de personas. No hay tanto activismo como el que podemos encontrar en Europa.

Sin embargo, tuve la grandísima suerte de dar con un pequeño grupo de chicas y chicos idealistas que hacían actividades contra la discriminación en general y me uní a ellos. Es genial estar con gente de mentalidad mucho más avanzada que el resto de sus compatriotas y puedo asegurar que es una de las experiencias más bonitas que he tenido hasta el momento: que unos chicos y chicas de la otra punta del planeta tengan las mismas inquietudes que tú. Y digo que tuve esa suerte porque aquí en Japón no es muy común ese tipo de cosas.

¡Las calles no tienen nombre!

Esto hace que sea facilísimo perderse y te eches unas risas. En las zonas más turísticas hay mapas por las aceras, pero en las que no lo son la podemos liar parda en cuestión de segundos.

¿Que cómo se localizan aquí las cosas? Bueno, se supone que por el nombre del barrio y por el número de edificio. Cada edificio tiene asignado una serie de números, en los que indica el número de barrio, la manzana, etc, pero aseguro que saber eso no sirve de mucho. Hay que recurrir a San Google para que nos indique dónde demonios está un sitio.

Otra amiga japonesa que vivió en España me contaba lo fácil que era localizar alguna ubicación con el nombre de las calles. Pues claro, chiquilla.

3Yo por la calle, sin datos en el móvil

¿Por qué va tanta gente con mascarilla?

Era algo que me llamaba mucho la atención al principio. En la calle, en las tiendas, en clase… mucha gente lleva mascarilla. La razón es consideración hacia el resto de la gente: si están enfermos, no quieren contagiar. Pero también puede ser posible la otra cara de la moneda: no quieren ser contagiados.

Se puede fumar en los restaurantes

Cierto y verdad es que en España llevamos relativamente pocos años con la llamada ley antitabaco, pero al menos yo me he acostumbrado muy pronto a ir a un restaurante y que no me estén echando el humo. Pues bien, esto en Japón puede hacerse. Como no fumadora, me molesta muchísimo. Sin embargo, no puedes ir por la calle fumando. Existen zonas específicas para hacerlo.

 

A modo de conclusión, os diré que muchas veces me han preguntado si me quedaría a vivir en Japón. La verdad es que no. No por los puntos que he puesto en esta entrada, que en realidad la mayoría son nimiedades. Son motivos de más peso como las condiciones laborales y derechos sociales en general, una mentalidad demasiado conservadora que choca con mi manera de pensar y vivir (y viviendo en Europa, por ejemplo, me sentiría más cómoda) y porque aquí, a pesar de la amabilidad de esta gente, siempre me sentiré la extranjera, la extravagante, la exótica.

1El váter no me habla. ¡Qué decepción!

Por último, me gustaría decir que estoy cansada de leer a gente que no ha pisado Japón decir que España es una mierda y que Japón es genial (me imagino que su idea mental de Japón es la que se refleja en el manga y el anime). Y no es cierto. España tiene sus ventajas y sus inconvenientes y Japón tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Pero ningún país es mejor o peor que otro. Hay que tener en cuenta que no es oro todo lo que reluce.

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Reseña Besar a un Ángel (Susan Elizabeth Phillips)

Perfecto ejemplo de romanticismo tóxico

Hace unos meses nuestra comentarista Sara nos pedía que reseñáramos algo de Susan Elizabeth Phillips que, como yo misma he podido comprobar en diversos blogs, es considerada maravillosamente romántica y… ¿feminista? ¿Qué concepto tiene esta gente de feminismo?

Me vuelvo a enfrentar a una novela romántica con todos los tópicos aglutinados. Pues el amor romántico, en muchísimas ocasiones, nos trae situaciones que a mí personalmente me sacan de quicio por la toxicidad de las relaciones amorosas que plantea, como es este caso.

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Mi cara cuando veo que en otros blogs ponen este libro por las nubes

Besar a un Ángel nos cuenta la historia de una chica pija y de vida desordenada llamada Daisy. Su propio padre la chantajea de la manera más asquerosa: o permanece casada con el hombre que él decida durante al menos 6 meses o no hará nada para que no la metan en la cárcel por problemas económicos. Vamos, lo que hace un padre normalmente. Ella, a pesar del miedo que le da, decide casarse. El hombre que elige su padre para ella es Álex Markov, un total desconocido.

Después de la boda, Álex se la lleva lejos del ambiente neoyorquino al que ella está acostumbrada, hacia el que será su nuevo hogar, en algún lugar perdido del país. Y, por cierto, la muy tonti está asustada por este viaje hacia vete tú a saber con un desconocido, borde, prepotente y que, por cierto, se niega a decirle a dónde se dirigen, con el que se acaba de casar. Ay, qué exagerada.

Al final, descubre que Álex trabaja para un circo ambulante y debe vivir en una caravana-cuchitril sucia y desordenada, además de tener que dormir en el sofá y, por si fuera poco, el contenido de su equipaje ha sido intencionadamente cambiado sin su consentimiento. De esta manera, él podrá darle una lección sobre lo que es la vida.

Daisy es la ideal protagonista femenina de una novela romántica: se hace mucho hincapié en que es virgen y que cree en el matrimonio. En realidad, no es más que es una desgraciada. Sufre con resignación todas las injusticias cometidas sobre ella. De aquí se puede desprender que la fuerza de esta mujer es precisamente eso, la resignación y la capacidad de aguantar, características que, por otra parte, responden a la perfección a la machista concepción de cómo debe ser una buena esposa.

amoalaura2Daisy con unos amigos

Daisy acaba trabajando en el circo cuidando a los animales en deplorables condiciones porque Álex decide “castigarla”. Acaba teniendo con ellos una profunda conexión espiritual que hace que tenga hasta telepatía con un tigre, algo que suena más bien a esquizofrenia de la chunga.

Álex, por su parte, es una mierda de persona. Un maltratador de manual. Le da órdenes, repite hasta la saciedad que allí se hace lo que él quiera y la trata como si fuera idiota.

El padre de Daisy es otro odioso imbécil. Siente un desprecio total por su hija, cree que no puede hacer nada por sí misma, que necesita protección, y quiere que se case con Álex para que éste la “dome”. Él y Álex la tratan con un paternalismo asqueroso, como si fuera una niña pequeña que no tiene juicio suficiente para cuidar de sí misma.

Una de las cosas que más asco me dio fue el hecho de que Álex amenace a Daisy en numerosas ocasiones con un látigo. Ella, aterrorizada. Qué tonta, ¿eh? Que lo del látigo es BROMA, histérica. ¿Quién se asustaría con el hecho de que un desconocido déspota con el que te han obligado a casarte blandiera el látigo delante de ti? Por cierto, él se lo pasa genial haciéndole pensar que le puede pegar en cualquier momento. Y leyéndolo se desprende que es una idea muy divertida. ¡Qué risa, Susan, qué risa!

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Pero, oh, misterios de la vida y del amor. ¡Ella se enamora de él! Ohhh. Es que es el amor y su inexplicable manera de aparecer. Ohhhh.

Es alarmante la de veces que en este tipo de novela se justifica los motivos por los que el tío es un capullo. En esta ocasión, Álex tiene una escabrosa historia de abusos en su niñez y eso, POR SUPUESTO, justifica que trate a su esposa como una mierda… pero, oh, aprenderá a amar. OHHHH.

Otros personajes que hay que destacar son Sheba, la propietaria del circo, y Heather, una adolescente que también trabaja en el circo. Ambas están también enamoradas de Álex. ¿Cómo no? Ese caballero andante enamoraría a cualquiera. Aquí se ve muy bien que las tías son unas envidiosas que se ponen la zancadilla para alcanzar al hombre de sus sueños. Así que… ¡a hacerle la vida imposible a Daisy! Que si robo dinero del circo y lo pongo con tus cosas para que vean que eres una ladrona, que si ahora vendo los animales a los que tanto cariño les tienes… ¡Cómo somos las mujeres de malas!

A partir de aquí, muchos SPOILERS. Así que cuidadito, os vaya a estropear esta obra de arte de novela.

El primero es una IDA DE OLLA como una catedral. Atención al bombazo: ¡¡este galán es descendiente directo del zar Nicolás II!! Reconozco, y dejando el sarcasmo por un momento, que ésta sí que no la vi venir por lo absurdo de la situación. Que sí, que está forrado y tiene una mansión en Connecticut. Uhhh. Es que si fuera un pobre proletario, qué poco glamour, ¿no? Tenía que ser descendiente directo del zar. AHÍ, ÉCHALE PA’ QUE SOBRE.

se-me-va-la-ollaLa olla de Susan Elizabeth Phillips, de mudanza

Ya nos hemos reído con lo del zar, pero sigamos con otras cosas que pasan: ¿qué decir cuando ella se queda embarazada y el muy capullo la trata como basura y le ordena que aborte? Parece que cuando ocurre ella POR FIN reacciona y se escapa.

Es ahí cuando Daisy se busca la vida, consigue trabajo y lucha por salir adelante. Sin embargo, él la busca como un poseso porque se acaba de dar cuenta de que la “quiere”. Cuando la encuentra, y a pesar de que él está todo el libro diciendo que eso de que el matrimonio es sagrado es una chorrada, la manipula y chantajea diciendo ahora que deben respetar sus votos y blablablá, aprovechándose de que ella es tan estúpida que realmente cree en ello. Cuando ve que no lo consigue, la amenaza con hacer que la despidan del trabajo.

Bajo esta amenaza consigue traerse a esta niña “caprichosa” de vuelta. Y ahí está otra vez la esposa obediente y más resignada que nunca. Pero, nada, ella acaba perdonándole todo porque se da cuenta de que en realidad todas estas inocentes jugarretas las ha hecho porque la quiere de verdad. Escalofriante.

Y, como no podía ser de otra manera, el matrimonio se nos plantea como la guinda que corona el pastel, el ideal de la felicidad y de lo correcto. Se ve en el hecho de que Heather le reprochara a su padre y a Sheba no estar casados y sin embargo estar manteniendo relaciones sexuales. “Ah, pues sí, es verdad. La niña tiene una mentalidad que ni mi abuela pero tiene toda la razón del mundo, hay que casarse, no vayamos a ser un mal ejemplo y nos vayamos al infierno”.

Y al final, evidentemente, también se refleja en el final de Daisy y Álex: bombo y bodorrio (por segunda vez para confirmar su amor. OHHHHHHH). Toma ya. Mira, yo me quedé… No me lo podía creer. Era demasiado inesperado. Nunca había visto un final así.

4Yo al acabar el libro

Conclusión: el concepto de romanticismo y de bonito de esta novela me da miedo, mucho miedo.