Crónica de mi cena navideña

Tal como me propuse, esta cena de Navidad en familia no me he callado y he saltado cuando han dicho una machistada/LGTBfobada/racistada. Por si a alguien le preocupa aclaro que no he recibido ninguna agresión física, pero psíquicas sí. Se han ensañado conmigo a base de bien. A continuación el relato de los hechos.

La cena empezó como siempre son estas cenas de Navidad en mi caso: toda la familia sentada a la mesa mientras las mujeres cis sirven y los hombres cis se quedan en la mesa esperando y, si acaso, se dignan a poner alguna servilleta. Claro que no es nada que no esperara, para quien no lo sepa aclaro que la mayoría de mi familia es tirando a bastante facha.

Cuando se terminó de servir se comenzó a hablar de todo un poco. Aunque ya dije algo ante comentarios islamófobos sobre que no deberían permitir que los moros construyeran mezquitas, el «espectáculo» de verdad empezó cuando salté ante un «chiste» que contó un primo que va de graciosete. Atención al «graciosísimo chistecito», para que os hagáis una idea de lo que tengo que aguantar: «las mejores mujeres son como el mejor vino: de 12 años y encerradas en un sótano». Podéis tomaros un minuto para recuperaros antes de seguir leyendo, que se que ahora os debéis de estar mondando. Jojojo, ¿qué hay más gracioso que las violaciones y la pedofília? Jajaja.

2

Obviamente ante esto salté diciendo que era de muy mal gusto y si le hacía gracia era un pedófilo y un violador. Ahí empezó el ataque. Al principio era lo típico de llamarme exagerada y amargada porque «sólo era humor». Pero cuando dije que era feminista y traté de explicar lo horrible que era semejante «chiste» empezó a ser algo casi organizado y sistemático, con lo que me refiero a siete personas (seis hombres cis y una mujer cis) atacándome verbalmente hasta el punto de no dejarme hablar. Ninguneo y falta de respeto total hacia mi persona. Los comentarios iban desde los típicos que me desacreditaban y pretendían explicarme el feminismo porque sabían tanto que decían que el hembrismo existía y los hombres deberían dirigir el feminismo para que no los margináramos; pasando por quienes se cachondeaban de que muy feminista, pero luego seguro que le dejaba a los hombres el trabajo pesado; hasta llegar a quienes decían que lo que necesitaba era un novio que me echara un polvo y se me quitaban las tonterías.

19.gif

Lo peor es que uno de los hombres que se unió al machaque y burla era mi propio hermano. Porque una cosa es la familia lejana a la que veo de higos a brevas y por la que, en la mayoría de los casos, tengo escaso si no nulo cariño, y otra muy distinta que tu propia familia cercana se te ponga en contra. Eso me dolió como una traición.
Cuando explotó todo de forma definitiva fue al salir del armario. Ante los comentarios de que necesitaba un hombre respondía que eso nunca iba a pasar porque era asexual arromántica y no me gustaban los hombres ni las mujeres. El ninguneo y cachondeo a mi costa fue total. Me convertí en la estrella de la cena; la estrella de mar, que es lo que, entre otras cosas, me preguntaron con chanza si era. Casi hubiera preferido que me miraran mal porque eso al menos hubiera significado que reconocían mi existencia. Me negaron por completo, tanto mi sexualidad como mis sentimientos y experiencias. Y entre los «comentarios jocosos» hubo un primo lejano (el mismo del primer chiste) que hasta me AMENAZÓ con una violación. Sí, como suena, me soltó: «Si no fueras familia te llevaba a un callejón a quitarte las tonterías». Entre carcajadas, porque todo era muy gracioso. Jajaja.

Obviamente yo lo estaba pasando fatal y no dejaba de lanzar miradas desesperadas a mi hermano y, sobre todo, a mi madre, que supuestamente aceptaban mi sexualidad. Eso fue lo peor. Mi madre, que siempre me ha apoyado en casi todo y es una persona con la que tengo confianza y esperaba poder contar, se quedó callada mirando al plato. Estaba claramente incómoda e intentó cambiar de tema un par de veces, pero NO me apoyó. En un momento en el que necesitaba desesperadamente apoyo y validación me dejó sola y prefirió no entrar al trapo. Entre eso y lo de mi hermano, que aquí no se cachondeó pero tampoco dijo nada. Sentí que a la hora de la verdad no tenía a nadie. Pocas veces me he sentido más sola.

228543

Al final siento decir que no me ha compensado. Igual es porque no soy una persona capaz de imponer (no tengo gran presencia ni me sale levantar la voz), pero sólo he logrado pasar un mal rato, si bien de forma diferente a otros años. No obstante, aclaro que lo voy a volver a hacer en Año Nuevo y siempre que pueda, hasta que me vuelta molesta aunque sea por puro cansancio. Estoy harta de tener que aguantar machismo, LGTBfobia y racismo. NO es algo inocuo, crea mucho odio y dolor, así que ya anuncio que mi propósito para el próximo año es volverme «la amargada» de las fiestas porque pienso seguir señalando estas cosas y tratando de cortar el rollo. Espero que con la práctica me vuelva más eficaz, pero si no, en cualquier caso, a tenaz no me gana nadie.