Reseña Los Libros de Plomo (Fernando Martínez Laínez)

Nunca vi un título tan acertado, ¡este libro sí que es un plomo!

Si el objetivo del autor era inducir a quien leyera a un coma profundo me quito el cráneo, ¡vaya si lo consigue! Me ha costado siglos terminar este libro porque la mitad del tiempo lo he pasado poniéndome esparadrapo en los ojos para mantenerlos abiertos y la otra mitad gritando «¡Nooo!, ¿cómo es posible que aún me queden tantas páginas» o «Ay virgencita dame paciencia, o una pistola, lo que pille antes». Yo digo que el título está puesto con recochineo porque los Libros Plúmbeos no aparecen hasta casi la mitad de la novela, salen poco y pintan menos.

¿Que de qué va el libro entonces? Pues hay un par de agentes del CNI que van a Granada a interrogar a un yihadista, pero esa trama se queda en nada porque el tipo desaparece. Así que les agentes se pasan como cien páginas emborrachándose y tomando tapas en bares con la excusa de investigar. Luego, de pronto, ¡un típico asesino colgado de esos que oyen voces apareció! Así que te cuentan cómo un par de policías investigan los asesinatos. Y después surgen de pronto unos terroristas muyahidines muy chungos que le han comprado un explosivo aún más chungo a la mafia rusa y quieren volar Granada. También hay por ahí un líder de secta pirado y una vidente curandera para meter rollo esotérico.

¿Que cuál es la relación entre todas esas tramas? Que están en la misma novela. Diría que al autor le pagaban el libro al peso, pero me parece que más bien tiene que ver con su trauma particular. Claramente, Martínez Laínez es un monologuista frustrado, LE ENCANTA escucharse a sí mismo. Por eso se la pasa metiendo paja a punta pala. Por ejemplo, si tiene contar cómo un policía encubierto sigue a unos sospechosos lo hace así: Fulano (inserte aquí un resumen de toda la vida y obra de Fulano, además de una mención a que su familia bien, gracias) seguía a Mengano (inserte aquí sus los pensamientos de este, sus planes y sus traumas por haber participado en la guerra de Iraq), porque (inserte explicación sobre cómo y por qué han pedido a Fulano que lo siga). Así que Fulano lo seguía en X sitio (inserte un copia-pega de Wikipedia una explicación sobre la arquitectura e historia del lugar) con las siguientes precauciones (inserte un cursillo exprés sobre cómo espiar sin que te detecten).

Y por si lo anterior no fuera suficiente para caer en un sueño profundo, encima tenía que estar agradecida porque estaban contándome algo que hacía avanzar la trama. Que a veces al autor también le da por hacer cosas como describir una manifestación con tal nivel de detalle que te dice hasta de qué color eran las pancartas y te las transcribe… para que luego resulte que esa manifestación no pinta NADA en la historia, es simplemente que alguien pasaba al lado casualmente. Eso es llevar el relleno a otro nivel.

Sin títuloForma de narrar del autor y las violentas interesantes fantasías que provoca en quien lee.

Les personajes, pfff. Aquí ya sí que no es suficiente la pistola, hace falta una Gatling. Cada pocas páginas aparecen más y a cada personaje que tiene a bien asomar la nariz, tanto si es importante como si es alguien que pasaba por allí de casualidad llevando un café, se le dedica mínimo media página. Es algo así: Sotano era un policía muy amigo de Pepito porque se conocieron en su juventud en una embajada de Egipto. Además, Sotano tiene problemas familiares porque su mujer lo ha dejado y su hija es una actriz que no le habla (ninguna de ellas pinta nada en la novela, no te vayas a creer). Y ahora que te he metido este rollo pollo pues resulta que Sotano no vuelve a aparecer en toda la puñatera novela, ya que sea porque no tenía ninguna importancia (¡anda, como lo que nos han contado de él!), ya porque sólo lo he presentado para cargármelo. Y ¡NO dejan de aparecer más y MÁS personajes cual plaga de cucarachas! ¡¡Arggg!!

Les úniques que tienen una mínima importancia son los agentes del CNI, Héctor Medina y Berta Santana, y un par de policías, Ayala y Varela, uno de los cuales tiene una personalidad que se basa en decir todo el rato «joder, joder» (no estoy segura de cuál, ni me importa). Por supuestísimo, esos pares de protagonistas se la pasan disparándote a traición digresiones personales sobre su vida y su visión del mundo (una diría que al cabo de media novela se les habría acabo la munición de ideas, pero no porque les muy $%#& parece que tienen una puñetera metralleta y no dejan de divagar hasta que se termina el libro, o hasta que lo tiras por la ventana, lo que llegue antes). Y encima ¡vuelven a hacer las mismas reflexiones cada vez que salen!

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Igual esa obsesión por andar filosofando les atrofia el cerebro, porque a veces se les va la pinza y hacen unas deducciones tronchantes. Ejemplo: el asesino pirado deja en los cadáveres unas notas en las que emplea términos judíos y nombra a Odín. Sin embargo, Thor y Yahveh sabrán por qué, la policía llega a la conclusión de que el culpable es un fundamentalista cristiano relacionado con el nazismo. ¡Claro que sí!

¡Ah! Y el narrador sufre del Síndrome del Piojo, o sea, va saltando aleatoriamente a la cabeza de toda aquella persona que ose acercarse demasiado. Estás en la cabeza de une personaje y de pronto ¡zasca! te encuentras sin previo aviso dentro de la cabeza de otre, y esto puede ocurrir más de una vez en el mismo capítulo. Resultado: confusión total.

b51bd078968b5856648e86d177a0fde1d0aa5ce1_hqSi no fuera porque estaba demasiado dormida habría estado tan confusa que me habría herido a mí misma.

Es tal la obsesión del autor por no salir de la espiral de aburrimiento infinito que hasta sabotea los pocos momentos de emoción que hay. Si pone a algune personaje en una situación de vida o muerte se asegura de decirte previamente si va a estirar la pata o no, no vaya a ser que creemos una mínima tensión.

Lo único bueno que le reconozco a la novela es que el autor parece que se ha documentado y sabe de lo que habla. Lástima que tenga la imperiosa necesidad de restregarle a les lectores esos conocimientos por la cara en lugar de conformarse con usarlos para construir la ambientación.

Sentencia

Un libro fantástico… para curar el insomnio, para todo lo demás MarterCard lee otra cosa.

PS: Os estaréis preguntando por qué me he leído esto. Es una muy buena pregunta, yo también me la hago. Pues porque estaba de viaje y era el único libro en español que podía prestarme la persona con la que me alojaba. Era esto o el diccionario letón-español. SPOILER: el diccionario resultó más interesante. ¿Sabíais que en letón «maquillaje» es «grima»?

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