Acoso callejero

Cuando hablamos de violencia machista se nos vienen a la cabeza los casos cuyo resultado es el asesinato y, si acaso, apurando mucho, las agresiones sexuales. Sin duda, son los reflejos más terribles y visibles de la violencia de género. Sin embargo, existen otras manifestaciones consideradas menos graves pero que sustentan las formas más brutales de la misma.

El acoso callejero es una de las múltiples manifestaciones de la violencia machista, pero está tan sumamente normalizado, es tan parte del paisaje diario que, a pesar de ser visible, no se le suele dar ninguna importancia.

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Creo que a todas las mujeres nos ha pasado: ir por la calle y que desconocidos nos “piropeen”, nos griten, nos miren de arriba abajo, nos silben, nos hagan gestos o incluso lleguen a tocarnos. Puede ser por la noche, donde el riesgo puede ser mayor, o a plena luz del día. Es algo diario, algo que se espera cuando sales sola o con alguna amiga a la calle.

Sin embargo, está lejos de ser una tontería. Atenta contra la libertad de las mujeres de transitar por la vía pública sin ser objeto de acoso, de menosprecio y de humillación. En definitiva, es un menoscabo del derecho a ser tratada como persona: con dignidad y respeto.

Es un problema directamente relacionado con la propiedad del espacio público: las mujeres somos vistas como un objeto más de la vía pública y, por tanto, podemos ser blanco de “opiniones”, miradas, gestos o incluso tocamientos cuándo, cómo y dónde quieran los hombres, que son los dueños de la calle.

Haciendo uso de su posición de poder y privilegio, ellos circulan tranquilamente por la calle y pueden hacer o decir lo que les venga en gana. Al acosar a una mujer se creen en su derecho. En ningún momento piensan que estén haciendo algo malo. No les importa cómo se pueda sentir la mujer acosada. No tienen en cuenta que es una persona con inteligencia y sentimientos, con sus preocupaciones y alegrías, porque son incapaces de verla como un igual.

Necesitan reafirmar así su frágil masculinidad, recordándonos constantemente quién manda aquí, y nosotras sólo tenemos derecho a callar y, encima, debemos sentirnos halagadas.

Si vas acompañada de otro hombre, misteriosamente, se vuelven civilizados y puedes ir tranquila por la calle. No es que te respeten a ti, están respetando a tu acompañante varón. Ya no hace falta esa violencia verbal como modo de control y reprimenda por haberte atrevido a salir sola a la calle. Estamos ya bajo la tutela, protección y posesión de un hombre, ya no hace falta.

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Nosotras sentimos miedo, pánico, estrés, ansiedad, humillación, rabia. Tenemos que soportar la injusticia de esta falta total de respeto. Nos sentimos degradadas a un mero objeto. Se nos bombardea con consejos como “no vuelvas a casa sola”, “que alguien te acompañe” o “ten cuidado”. Para colmo, si nos pasa algo, siempre habrá quien nos eche la culpa a nosotras por no haber sido lo suficientemente precavidas.

Consecuencia de todo ello es que, especialmente de noche, vamos totalmente alerta cuando vamos solas por la calle, mirando a quien se nos cruza, oyendo las pisadas de los que van detrás, acelerando el paso, cambiando de acera si vemos a alguien sospechoso y con las llaves entre los dedos por si acaso.

La ropa no es el problema. Si un hombre no se sabe controlar por ver varios centímetros de carne, el problema lo tiene él que es quien sexualiza a la chica. Sin embargo, sorpresa, quien suele llevarse el reproche social es ella, quien debido a la presión puede acabar pensando que quizás deba “moderarse” y termine no usando la ropa que le venga en gana.

Esta excusa de que los hombres no se pueden controlar ante unos centímetros de carne les viene genial. Parece, y no me extraña, que el que sean reducidos a una especie de monstruos incapaces de controlar sus instintos sexuales les compensa demasiado. Esto es especialmente “gracioso” porque luego son los mismos que lloriquean con que eso de considerar a todos los hombres violadores en potencia es cosa del feminismo.

– Nho puEdhEZ VeztiR coMOh KierraZ pOrkUe zHi Vhaz SepSip nO podeMhoZ ContRolArnoz y The PoDHemoz HacoZar oH BioLar. LA tezTHoszteRROna noz DomiNa.

– Entonces, ¿ me estás diciendo que los hombres sois unos violadores en potencia que al ver X centímetros de piel perdéis el control de vuestros impulsos y os comportáis como animales en celo en lugar de seres racionales?

– ¡MarDHita feMinacI oHiaPenEZ, KiERRez CrimHInaliZarNoz Ha Thodoz! ¡AJHUYGHLKHL!

Pero es que, incluso, pasa cuando no llevamos algo que pueda considerarse “provocativo”. Por ejemplo, veces en la que voy tapada hasta el cuello, incluso con capucha, en las que no me he librado de mi dosis de machiruleo.

¿Qué hacer ante esto? Sólo hay dos opciones: callar o contestarles de alguna manera.

Al agachar la cabeza y no decir nada, su creencia en su derecho a acosarte se reafirma. Se sienten ridículamente felices porque han reafirmado su patética virilidad. Pueden pensar que incluso te ha gustado que te lo digan. Ahora bien, no se nos puede culpar nunca a las mujeres por tener esta reacción. Lo más normal del mundo en esta situación es sentir sorpresa o miedo y no saber qué contestar o cómo reaccionar en un margen tan reducido de tiempo, mezclado con el deseo de no querer meterte en problemas.

Cuando decides actuar, bien verbalmente o bien mediante gestos, estás siendo muy valiente porque te arriesgas a que se pongan aún más “machos” y la violencia hacia ti se incremente. En mi experiencia, la mayoría de las veces se han quedado callados, como sorprendidos y hasta descolocados porque una dócil mujer se haya atrevido a plantarles cara con una palabra malsonante o un gesto “poco femenino”. Así que igual la próxima vez que se les ocurra acosar a una mujer al menos se lo piensan dos veces porque ya contarán con la posibilidad de que ésta responda. Si bien es cierto que también puede ser que se pongan gallitos y se líen a insultar o amenazar ya sin tapujos, lo que prueba que es mentira esa típica excusa machirula de “pero si lo hago para agradar y ser un caballero, lo que pasa es que tu eres una histérica feminazi que te tomas mal una tontería y no puedes ni aceptar un cumplido”. Si lo hicieran por eso al decirles que te han molestado, lógicamente, se disculparían y estarían dispuestos a escuchar por qué te has sentido mal y ha replantearse su actitud. Ahí se quitan la careta y se ve que en realidad lo hacen como una manera de reafirmar su privilegio y objetivizarte: eres una cosa que está ahí para ellos y como te atrevas a cuestionarlo intentarán enseñarte cual es tu lugar recurriendo a la violencia verbal y hasta a la física en los peores casos. Vaya a ser que las mujeres nos creamos personas con derechos e iguales a ellos.

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Aunque esta opción de plantarles cara me ha resultado más satisfactoria, en esta sociedad patriarcal los mecanismos que tenemos interiorizados hacen que inconscientemente te culpes a ti misma hagas lo que hagas. Si no has reaccionado, te sientes mal y muerta de rabia por no haberlo hecho. Pero es que si reaccionas, puedes llegar a pensar cosas como “igual me he pasado”, “igual no ha sido para tanto”, “igual soy una exagerada” o “qué histérica me he puesto”.

Normal que lo acabes pensando si ves que la gente que lo ha presenciado no tiene ninguna empatía contigo, mira para otro lado o calla, o incluso se te quedan mirando como si la loca fueras tú y no él. Y es que en el imaginario colectivo lo normal y natural sería que los hombres te “halagasen” y tú agacharas la cabeza, y no esa reacción tan inesperada y fuera de la norma que has tenido.

Ese silencio general es el que consigue que estos comportamientos queden impunes, se perpetúen y sigan considerándose parte de la expectativa, de lo normal, de lo natural. Para que todo se mantenga como está sólo hace falta el silencio.

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Guía básica para no ser un acosador

Primero, déjame que te deje claro que sé que eres un buen chico que respetas (o al menos estás convencido de que respetas) a las mujeres y sólo quieres ligar, encontrar el amor verdadero o lo que sea. OK. Lo entiendo. Pero verás, la sociedad machista en la que vivimos enseña desde pequeñas a las mujeres a temer la violación y desconfiar de los hombres. Se nos dice que sólo van a lo que van, que son violentos por naturaleza y que debemos ser nosotras las responsables de cuidarnos porque nos pueden agredir y violar por la ropa que llevemos o por haber interactuado con ellos; y, encima, será culpa nuestra.

Ya puedo oírte gritando desde el otro lado de la pantalla: «¡Pero yo no soy así y jamás haría eso!». Tranquilo, no te ofusques. Tú no serás así, pero tampoco sabes lo que es vivir con miedo. No sabes lo que es tener que caminar por la noche con las llaves entre los dedos para usarlas como arma en caso de necesidad, ni que te griten guarradas y tener que andar rápido por si intentan hacerte algo en lugar de quedarse sólo en palabras, ni cambiarte de acera o tener que entrar en un bar porque se te acerca (¡o hasta te sigue!) alguien por la calle y no sabes si tiene malas intenciones, ni que entre alguien al mismo ascensor o transporte público que tú y te de un escalofrío porque si resulta ser un violador no tienes vías de escape. Entre otras cosas.

Así que haz un ejercicio de empatía. Sí, tú sabes que eres un encanto, pero yo no estoy en tú cabeza y no lo sé. Cuando un desconocido se me acerca sé que seguramente es un buen tipo… pero no puedo evitar preguntarme «¿y si va a violarme o agredirme de alguna forma?» Nunca puedo estar segura de primeras de que no eres una amenaza, por lo tanto, no puedes esperar que confíe en ti y me sienta segura de entrada.

También sé que eso no es culpa tuya. Sin embargo, ten en cuanta que no eres la parte peor parada y por ello debes respetar y escuchar a la otra. Es posible que lo que consideras normal, galante o una broma inocente para una mujer suponga un mal rato y hasta un trauma.

Que una mujer esté sola no significa que quiera compañía

¿Has visto a una chica en la calle, un café o un medio de transporte y te ha gustado? Pues lo siento, pero abordarla suele ser muy mala idea. Las mujeres no somos cosas que estamos ahí a tu disposición para que nos entres. Lo más probable es que esa chica vaya a la facultad, al trabajo, esté dando un paseo o disfrutando de unos minutos de relajación, no esperando ningún tipo de acercamiento. Sobre todo si está andando con prisa, escuchando música con cascos, leyendo, mirando el móvil o el portátil. Creeme, eso es que no quiere compañía. No importa lo amable, gracioso, simpático ni guapo que seas, ella no tiene obligación de prestar atención a un intento de ligue que no ha buscado ni, probablemente, le interesa.

maxresdefaultAunque creas que estás ligando o siendo amable ella seguramente te ve así.

Todo lo que no sea una aceptación entusiasta debe considerarse un rechazo

Le has entrado a una chica, OK, pues necesitas estar MUY atento a cómo reacciona. A menos que te mire a los ojos e interactúe activa y animadamente contigo o también esté tonteando lo más probable es que quiera ser dejada en paz.

Si te dice de entrada que no está interesada, que está ocupada, que está con otra gente, que no quiere hablar o cualquier otro tipo de rechazo frontal a tu iniciativa está clarísimo. Despídete y aléjate de ella en ese mismo momento. Sin excusas ni excepciones. Desde el segundo en que insistes no sólo la estas acosando sino también minusvalorando como persona, porque desprecias su voluntad poniendo por encima tus ganas de seguir interactuado. Ella no está ahí para ti ni tiene obligación de hacerte caso, así que no te sientas ofendido ni herido. Un rechazo no es un insulto a tu persona ni una humillación, es ni más ni menos que el derecho de esa chica a expresar su voluntad. Respétala.

Si no te ha rechazado de pleno, pero está claramente incómoda, no te mira a la cara, contesta con monosílabos o sólo cuando le preguntas, no inicia nunca la interacción, se echa hacia atrás, se encoje, intenta alejarse a la mínima, te dice que tiene novio o similares déjala en paz. Sí, sí, ya sé que no te ha dicho un «NO» rotundo, pero vuelve a leer el título del apartado. Muchas mujeres por timidez, miedo, vergüenza o educación no son capaces de dar una negativa clara. Eso no significa que estén aceptando y es rastrero considerarlo como tal. Y te hace un acosador.

Sé lo que estás pensado: «Pero es que a veces las chicas sí que quieren y dicen que no por presión social para no sentirse fáciles o porque tienen interiorizado que son los hombres los que deben cortejar e insistir». Aunque pueda haber algún caso en el que eso sea cierto el consentimiento JAMÁS debe presuponerse. Ante la duda siempre hay que retirarse por respeto.

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¡Quieto! ¡Y las manos donde pueda verlas!

NUNCA invadas el espacio personal de una mujer ni la acorrales ni la toques sin su permiso, muchísimo menos de forma sexual. Si se te ocurre meterle mano o besarla sin su consentimiento ya es que estamos hablando pura y llanamente de agresión sexual.

Recuerda lo que he dicho al principio de vivir con miedo. Es MUY desagradable e incómodo que un desconocido de cuyas intenciones no estás segura invada tu espacio o te toque así por la cara. De verdad, da muy mal rollo y te sientes asqueada y objetivizada. Igual tú no tienes mala intención y lo estás haciendo para intentar parecer decidido, crear intimidad o algo así, pero lo más probable es que yo lo perciba como una amenaza, un avasallamiento o, directamente, acoso sexual. Piensa lo que sería que alguien que consideras que podría ser una amenaza te lo hiciera a ti. Además, recuerda que ella es una persona con voluntad y opiniones propias. Da igual lo caliente que estés, ella no te debe nada ni es una muñeca hinchable que está a tu disposición.

Foto01DoisneauComo crees que estás quedando versus lo que seguramente está sucediendo en realidad.

El espacio público no es tu juzgado ni tu sección de opinión

Probablemente cuando piropeas lo haces sin ninguna maldad, y sé que hay mujeres a las que sí les gusta, pero muchas entendemos el piropo como acoso callejero. Recibir comentarios de desconocidos, muchos de índole sexual, nos hace sentirnos cosificadas, humilladas y, en algunos casos, hasta asustadas, ya que hay veces que el «piropo» es directamente la verbalización de una agresión sexual. Imagínate lo que es vivir con miedo a que te violen y que extraños, cuyas intenciones desconoces, te digan que te follarían, ¿cómo te sentirías?

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«¡Pero yo digo cosas bonitas o inocentes con la mejor intención, no burradas!» Aún así es acoso. Hacerle a una mujer comentarios por cómo va vestida o lo que está haciendo es como decirle indirectamente que la consideras un objeto que está ahí para ti y que te crees con derecho a juzgarla. ¿Te parece sexy ver a una chica comiendo un plátano o un polo flash? Pues se lo come porque tiene hambre y/o calor. ¿Te parece que esa minifalda le hace las piernas preciosas? Pues se la ha puesto porque a ella le gustaba. ¿Piensas que es muy guapa? Pues a ella no le interesa tu opinión. En ningún caso busca provocarte ni llamar tu atención, ya que ni siquiera sabe que existes. No te des por aludido ni comentes nada al respecto. Somos personas y tenemos derecho a disfrutar del espacio público sin que cualquiera nos suelte lo que piensa de nosotras.

Hay cosas que NO son bromitas ni tonterías

Como ya he dicho, muchas mujeres te perciben como una potencial amenaza. No es tu culpa, pero tienes que entenderlo y tratar de no hacerlas sentir mal. Si ves a una mujer sola por la calle, un aparcamiento o donde sea actuá de manera calmada, intenta no acercarte demasiado y, por lo que más quieras, no la sigas a propósito. Perseguir a una chica no es una tontería para echarse unas risas, es aterrorizarla haciéndole creer que vas a violarla o hacerle daño.

Lo mismo si te encuentras con una chica sola en un ascensor, medio de transporte o sitio del que ella no podría huir. No te sientes o coloques muy cerca ni detrás de ella, y mantente relajado para hacerle saber que no eres una amenaza. Un acercamiento en esa situación podría hacerla pasar mucho miedo. Igualmente, tampoco te acerques a ella más de lo necesario aunque haya otras personas. Y que ni se te pase por la cabeza rozarte contra ella, acorralarla o manosearla porque eso es directamente acosar sexualmente y denigrar.

8837262661355ba7f14bfb9ac2d34fd2Esta pobre mujer recordará esto como uno de los momentos más incómodos y desagradables de su vida.

Siguiendo estos consejos tan simples y que no te cuestan nada puedes ser mejor persona y hacer que las mujeres de tu alrededor se sientan mejor, así que gracias por tu comprensión y colaboración.

Despedida

El título lo dice todo: esto es el fin. Cerramos el blog. Finito. Kaput.

¿Por qué? Estamos cansadas de los insultos, amenazas, acosos y malos rollos que hemos recibido sobre todo por twitter y privados; también por comentarios, aunque reconocemos que en estos también tenemos a fieles seguidores, a los que estamos muy agradecidas. No es que esperáramos ser famosas con el enfoque que le hemos dado al blog, pero está claro que esto no es lo nuestro y si sólo vamos a despertar odio es mejor abandonar.

Dejaremos el blog abierto durante un mes más por si alguien quisiera algo de nosotras y luego lo borraremos para siempre y desapareceremos en la oscuridad.

Hasta siempre.

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No he elegido la imagen más adecuada, pero bueno, ponedle música triste y ya veréis como queda tope dramática.

La violencia y el género

El pasado 25 de noviembre tuvo lugar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un día en el que debería cundir la unanimidad en la condena y rechazo a esta lacra social.

1(Extraído de la página de Naciones Unidas )

Sin embargo, hay demasiados detractores y detractoras que, sin tener ni idea de qué va el tema, te preguntan a la defensiva y exageradamente ofendidos, al considerarse objeto de una injusticia: ¿y la violencia contra los hombres qué? ¿Eh?

Como su nombre indica (y me vais a perdonar la redundancia, pero aunque sea tan básico parece que se olvida), violencia de género es un tipo de violencia cuya motivación es el género. El género es una construcción sociocultural, en ningún caso natural, que otorga un rol a los hombres y otro rol a las mujeres. Es decir, se espera una actitud por parte de los hombres y otra actitud por parte de las mujeres. La estructura social patriarcal en la que nuestras sociedades están insertas favorece, en base a estos roles, a los hombres en detrimento de las mujeres. Su plasmación más directa es la legitimización y normalización de la relación hombre-mujer basada en la desigualdad, en la que ellos son los privilegiados y ellas las oprimidas.

Es éste el germen de la violencia de género. Una situación en la que el hombre se cree con el derecho de hacer X cosa por el hecho de serlo. Por tanto, la violencia de género es la que ejerce el hombre hacia la mujer, en la que aprovecha esa situación de ventaja y respaldo que le otorga la estructura social patriarcal.

Si hay casos de violencia de la mujer hacia el hombre, evidentemente, no quedan impunes. Ahora bien, de lo dicho se deduce que no sería violencia de género porque ni responde a las mismas causas ni existe un sistema social hembrista que privilegie a la mujer y tenga a los hombres oprimidos, facilitando y a veces hasta justificando esa agresión. Es decir, parte de un comportamiento individual pero no forma parte de ningún sistema.

Por hacer una analogía, afirmar que existe el hembrismo es tan ridículo como decir que existe la heterofobia. No hay ni ha habido un sistema social que potencie la discriminación contra los heterosexuales. Por lo que hablar de un problema de heterofobia sería ridículo.

2El sistema hembrista es tan real como este simpático unicornio

“No a la violencia machista, no; mejor no a todas las violencias”. Claro que estamos en contra de todas las violencias. Pero la clave está en que cada violencia tiene una causa.

La violencia contra las mujeres tiene causas muy específicas que hay que combatir de manera específica. Por ejemplo, no responde a las mismas causas que la violencia xenófoba, hacia los niños o hacia los animales. Por lo tanto, no hay soluciones generales para todas las violencias, sino que hay que atajarlas de manera pormenorizada, analizando las causas y buscando soluciones específicas.

No he visto nunca a nadie acusando a alguien que lucha contra el maltrato animal de no querer luchar contra la xenofobia, por ejemplo. Ni tampoco he visto que cuando se hacen manifestaciones específicamente contra el conflicto sirio salga gente intentando boicotearlas o quitarles importancia con el argumento: “¿Y todas las demás guerras del mundo? ¡No puedes centrarte solo en esa o significa que estás minusvalorando las demás!” ¿Por qué en el caso de la violencia machista sí sucede? ¿Por qué se sienten tan ofendidos y tan nerviosos?

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Es como quien va al médico porque está enfermo. Con toda lógica, espera que ese médico le haga un diagnóstico y le recete la medicina adecuada para paliar la enfermedad, no que le dé un tratamiento general, pues las consecuencias serían obvias: probablemente llegaríamos al resultado desastroso de que no se recupere de su enfermedad por ser el médico un inepto incapaz de proporcionarle el tratamiento adecuado.

Pero es que hay más. Si metemos todas las violencias en el mismo saco no solamente no sería posible combatirla de manera adecuada sino que se produce un efecto de invisibilización, la violencia de género se perdería en un mar de violencias y no saldrían a la luz las causas reales del comportamiento. Es decir, pasaríamos por alto el problema gravísimo de machismo existente, no solamente en los casos más extremos de asesinatos y maltrato, sino del día a día.

Negar que exista violencia de género o afirmar que los hombres también la sufren, además de demostrar una ignorancia vergonzosa, significa negar que exista el machismo, negar que existan relaciones de desigualdad, negar que exista discriminación contra la mujer. Con este tipo de pensamiento, jamás se podría analizar la raíz del problema y poner en marcha los medios adecuados para acabar con ello.

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Quien quiera especializarse en estudiar y luchar contra otros tipos de violencia ¡adelante y muchísimo ánimo! Pero para eso no hace falta menospreciar las demás luchas. Volviendo al ejemplo del médico, ningún profesional de la medicina sabe de absolutamente todas las enfermedades, lesiones y dolencias, se especializan en una concreta para combatirla mejor y dejan las otras para otros médicos. Si se les pidiera que supieran de todo probablemente sería imposible, en cambio, si hay varios grupos dedicados a conocer y combatir a fondo cada problema se garantiza que habrá cura para todos. Especializarse en traumatología no significa en ningún caso que no te importe o no quieras que se cure el cáncer. De la misma forma, especializarse en la violencia de género jamás supone que no se dé importancia o no se quiera que se luche contra otros tipos de violencia.

Si sólo buscas desprestigiar la lucha contra la violencia de género con excusas de que hay otras violencias o no es tan importante háztelo mirar, lo tuyo no es preocupación preferente por otros temas sino que tiene un nombre muy específico: misoginia.

Los prejuicios contra el feminismo

Cuando ser machista es lo neutral y ser feminista es lo radical

Soy feminista.

Estas dos últimas palabras sacan de quicio a la mayoría de la gente, tanto hombres como mujeres. La mayoría, en su ignorancia, me tomará como radical, odiahombres, loca o gilipollas.

Siempre he oído que la ignorancia es muy valiente, y es totalmente cierto. Estos iluminados que te insultan, acosan e intentan amedrentarte hasta la saciedad por ser feminista, ¡oh sorpresa!, no tienen ni idea de feminismo. Ni siquiera la definición del término. Nada. Lo peor es que están convencidísimos de que lo saben. Sus opiniones están basadas en prejuicios sin ningún tipo de base real y te llegan a acusar de cosas estúpidas y absurdas, desde odiar a los hombres hasta querer matarlos a todos (Oish, pobrecitos. ¿No son tiernos tan asustaditos?). Parece ser que eso de leer e informarse antes de abrir la bocaza que tienen lo llevan bastante mal. No obstante, su postura es la opinión mayoritaria y, claro, ¿cómo no iba a tener la razón la mayoría?

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¿Cuál es el problema que suscita estos prejuicios? Supongo que una mezcla de ignorancia, el miedo y estupidez. Es una reacción movida por un pánico no consciente a que cuestionen la base en la que se sustenta la sociedad y, por tanto, su sistema de creencias más básico como individuos. Declararte feminista es, de por sí, una amenaza, un desafío a un sistema imperante en el que la discriminación y el menosprecio hacia las mujeres es la norma general.

Esta gente que con tan sólo oír la palabra feminista es como si hubiera visto al demonio reencarnado, parte de una situación que consideran neutral. Creen, inocente o interesadamente, que la igualdad entre mujeres y hombres está plenamente lograda (o casi), y en el momento en el que te declaras feminista, lo asocian a la idea de que quieres inclinar esa balanza, supuestamente equilibrada, a favor de las mujeres.

Perciben situaciones machistas como no machistas, neutrales, y lo hacen porque no se plantean que puedan ser machistas, sino que lo consideran normal, estándar, lo que se ha hecho toda la vida. En otras palabras, tienen un elenco de creencias socialmente construidas que ellos dan como naturales. Y como decía antes, esas creencias están grabadas a fuego en el subconsciente, por lo que se ponen nerviosos y tienen comportamientos desquiciados e irracionales en cuanto se las cuestionan.

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Todos somos machistas, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente. Por lo tanto, hay hombres y mujeres machistas. Un hombre machista, evidentemente, no quiere perder los privilegios que como hombre le concede la sociedad y percibe sus privilegios como derechos. Una mujer machista, en cambio, va en contra de sí misma. Pero ella no tiene la culpa. Le han enseñado a ser así. Se convierte sin saberlo en una tonta útil del sistema. Está atrapada en una especie de letargo que no le permite ver sus cadenas y, lo peor y más triste, se cree libre.

Es bastante curiosa la actitud de hombres supuestamente progresistas, de izquierdas, con un fuerte compromiso en la lucha por la igualdad social. Demasiados de ellos consideran la lucha feminista como algo secundario y reaccionan, paradójicamente, de la misma manera en que lo suele hacer la derecha: “buah, estas feminazis, ¡qué exageradas!” Así pues tanto la derecha como la izquierda (no toda, afortunadamente) en este tema tienen un consenso (o lo roza) preocupante, ridiculizando la lucha feminista a la par: todos diciendo las mismas estupideces.

3El matriarcado oprimiendo a los pobres hombres cisheterosexuales indefensos. Un drama silenciado.

Y es que, como digo en el título de la entrada, lo machista siempre ha sido lo neutral, la norma que seguir sin ni siquiera cuestionarla y que conserva el statu quo social. Por su parte, lo feminista es lo extremista porque trata de destruir ese injusto orden social.

Si te dejas llevar por lo que te enseña la sociedad desde la infancia serás machista. No requiere ningún esfuerzo serlo. Sin embargo, para ser feminista necesitas hacer un esfuerzo intelectual: preguntarte, escuchar, indagar, estudiar, criticar y, sobre todo, pensar. Tarea dolorosa y nada fácil. Con ello tratas de echar por tierra los valores, creencias y prejuicios adquiridos y, si eres valiente y expones estas ideas, la mayoría de la gente se te echará a la yugular.

La friendzone y los pagafantas

Erase una vez un valiente caballero que se enteró de que en un reino iban a sacrificar a la princesa para calmar a un dragón, se ofreció voluntario para salvarla y, tras una dura batalla que sería cantada por los trovadores, logró derrotar al monstruo. Después de su gran hazaña le pidió a la princesa que se casara con él, pero esta le contestó: «lo siento, pero no gracias. No te conozco de nada y, en realidad, me gusta otra persona». El caballero se sintió muy ofendido y se largó diciendo que la princesa era en realidad una bruja malvada que se había aprovechado de él y que nunca más iba a salvar a ninguna princesa, que estas se buscaran a otro idiota que les matara a los dragones porque a partir de ese momento él iba a ser un capullo y conquistar reinos para obligarlas a casarse con él y así ser rey. Fin.

¿Qué os a parecido el cuento? No ha terminado como esperabais, ¿verdad? Además, no sé vosotros, pero para mí que el caballero al final de bueno no tenía nada, más bien era un machista de aúpa que sólo se hacía el bueno para conseguir sus objetivos.

¿Que qué tiene que ver todo esto con la friendzone y los pagafantas? Pues que la mentalidad machista que sustenta la idea de la «zona de amigos» es la misma que la de los cuentos tradicionales y voy a explicar por qué.

Primero, son conceptos que se han creado para describir una situación que es vista como injusta: que una mujer, generalmente después de que un chico haya sido bueno con ella o le haya hecho favores, no quiera caer en los brazos de dicho chico y le diga que sólo lo ve como a un amigo. Si ese rechazo se considera algo natural no haría falta crear un término especial para definirlo y quejarse, sin embargo, que eso suceda se considera un fracaso para el chico en cuestión.

Sin títuloUn amor no correspondido ¡Nooo! ¡Que horror! ¡¡Esto sí que es un tragedia y no la II Guerra Mundial!!

Segundo, que esa situación sea vista como injusta o un fracaso parte de una idea asquerosamente machista: que las mujeres sólo sirven para dar sexo. ¿Una magnífica conversación, intereses en común, comprensión mutua? Pamplinas. Para eso están los amigos hombres. En una mujer todo eso carece de valor. Si no me la puedo follar soy un pobre desgraciado, un pagafantas que ha caído en la friendzone, lo cual es un inmenso desastre porque la amistad de una mujer no vale nada.

Sin títuloSiii, amiiigo. Uno que en realidad espera una oportunidad para logar algo de ti. Ajá.

Tercero, la consecuencia lógica de lo anterior es que, aunque sea de modo inconsciente, esos hombres piensan igual que el caballero del cuento y creen que si hacen algo por una mujer esta debe recompensarlos, por lo que le quitan a la mujer la categoría de persona y la reducen a un mero trofeo a ganar. A la princesa no se le permite ser independiente y tener ideas propias, si matas al dragón tienes derecho a quedarte con ella porque te la has ganado ¿que a ella a lo mejor no le atraes o no está interesada en ti? ¡¿Qué me estas contando?! O sea, he hecho algo por ti y ahora tienes que pagarme por ello, me debes amor, sexo o lo que se me antoje, ¡¿o es que te has creído que eres algo más que mi premio y voy a tener en cuenta tus sentimientos y a considerarte una persona?!

Sin títuloOh, vaya. Perdona. Creí que me rescatabas porque eras buena gente, no para «ganarme».

Para colmo, esos hombres, como creen tener un derecho legítimo a salir con una mujer tras hacer algo por ella, si rechazas sus avances se comportan exactamente igual que si les hubieras frustrado un derecho, o sea, como si los hubieras ultrajado y/o sometido a algo horrible. Aquí hay dos posibles variantes:

El llorón victimista. Es aquel que se pone a quejarse de lo malvada que es la chica en cuestión porque se ha aprovechado de que él ha fingido amistad/sido bueno con ella para follársela. Él es una persona maravillosa y lo único que gana a cambio es que lo consideren un amigo en lugar de abrirse de piernas. Las mujeres son unas manipuladoras que lo han utilizado porque ha hecho algo por ellas y estas no le han pagado como debe pagar una mujer: con sexo, así que se ha comportado bien para nada. Buá buá.

Sin títuloNo es que tengamos sentimientos propios e igual no te correspondemos, es que somos malas. Claro, claro.

El proyecto de maltratador. Esta variante es mucho más peligrosa que la anterior. Es aquel que empieza a escupir misoginia y gritar que los buenos son tontos y que a las mujeres les gustan los malotes, así que a partir de ahora va a tratar a las mujeres como basura. Pero ojo, eso será culpa de las propias mujeres por atreverse a rechazarlo, él era una maravillosa persona hasta que esas malvadas se aprovecharon de él, así que ahora que toda la población femenina aguante sus maltratos porque se los merece.

Sin títuloJustificación que se inventan para comportarse como los capullos misóginos que realmente son sin sentirse culpables.

Dejemos atrás de una vez la arcaica idea de que las mujeres son premios que te mereces tras hacer algo y pongamos las cosas claras:

Si te portas bien con una chica sólo para que sea tu novia/acostarte con ella NO eres un buen chico. Eres un interesado y un falso, así que no tengas encima la cara de querer ir de víctima y decir que las malas son ellas por no recompensar tus acciones.

NADIE tiene nunca derechos sobre otras personas de tal forma que estas le deban sexo, una relación o lo que sea. Las mujeres tienen un libre albedrío que se debe respetar, no son mercancías que tengas derecho a adquirir tras «pagarlas» con X favores.

Deja de ver a las mujeres como VAGINAS con patas. No es que ellas te pongan en la friendzone, es que tú las pones automáticamente en tu fuckzone o girlfriendzone. Considéralas como personas y valóralas como tales.

Que sí, que es una faena enamorarte y que no te correspondan, pero las mujeres son SERES HUMANOS con sentimientos y opiniones propias y no tienen obligación de corresponderte. Si no le gustas a alguna asúmelo como un adulto y sigue con tu vida.

Sin título¿En serio es tan difícil comprender esto?

Y no me vengáis con el cuento de que «pero la friendzone se usa para los dos sexos» porque es totalmente falso. Puede que en alguna ocasión se use para una chica, pero es un término acuñado por y para hombres y se refiere a estos el 95% de las veces. Quien no me crea que ponga la palabra en Google y mire los resultados.

Sin títuloEs tan inusual que se use el término para mujeres que está considerado como una broma.

Ah, y tampoco me vengáis con un caso específico en el que una chica se aprovecha de que le gusta a un chico para tratarlo a patadas porque entonces tampoco hablamos de lo que normalmente se entiende por friendzone y pagafantas. Si alguien se aprovecha de que tiene una relación con otra persona, ya sea esta de amistad, familiar, de trabajo o la que sea, para reventarle a esta la dignidad de lo que hablamos es de una persona tóxica de la que hay que huir.

Esos LGTB sin orgullo

Se acerca el día del orgullo LGTB y detecto que existe aún gente a la que le sigue suponiendo una molestia, la mayoría de ellos heterosexuales pero también no heterosexuales. La más llamativa y la que me molesta más es la de estos últimos.

Indagando en sus motivos, me encuentro con que, enfadados y a la defensiva, afirman que lo que hagan con su vida privada es cosa suya y que no se sienten identificados con las manifestaciones de este día porque perpetúa un estereotipo a base de etiquetas.

Voy a intentar desgranar lo que se esconde detrás de este punto de vista que, en apariencia, pudiera resultar hasta lógico.

¡Es mi vida privada!

¿Realmente es algo privado? En mi opinión, no lo es tanto. Explico la razón: hasta el más tímido de los heterosexuales habla de su vida privada, de su pareja, continuamente y con toda la naturalidad del mundo, mientras que los LGTB no lo solemos hacer con esa espontaneidad. Hablar de tu pareja con tus amigos, conocidos, familiares es lógico. ¿Por qué para unos es natural hacerlo y para otros, en ocasiones, es un verdadero reto?

¡No me gustan las etiquetas!

Creo que a muchos os va a chocar lo que voy a decir, pero pienso que la etiqueta no es intrínsecamente un elemento negativo. En este caso es necesaria y cumple una función. Reivindicar la diferencia es también reivindicar derechos.

Hablando más claro. Por defecto, a todos nos otorgan la etiqueta estándar, la etiqueta de hetero, por eso es necesario que los LGTB reivindiquemos la nuestra en un gesto de decir: “también estamos aquí y necesitamos que se nos reconozca y respete”. Si no lo hacemos es como si no existiéramos. Entiendo el papel de la etiqueta como medio para llegar al objetivo final: que no las haya porque realmente se nos tenga en cuenta.

Resultado: invisibilización

Así pues, estas dos excusas (¡es mi vida privada! y/o ¡no me gustan las etiquetas!) derivan en la invisibilización.
Si algo es invisible, parece que no existe. Si sabemos que existe pero no se manifiesta, no molesta. En una sociedad dada, esta situación le viene de perlas a la perpetuación de un statu quo que otorga privilegios al grupo visible y hegemónico. Los invisibles tenemos la opción de seguir siendo invisibles y aparentar que somos del grupo privilegiado. No obstante, esta situación de aparentar es sumamente incómoda y cabrea a cualquiera que se vea en ella, si no a corto plazo, a medio o largo plazo.

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“Si aparentáis ser normales os respetaremos. Respetamos que tu pareja sea de tu mismo sexo siempre que sea en la intimidad y no lo digas. Molestáis a la gente de bien. Así que si existís, al menos aparentad que no existís. ”

¡Molestemos!

Sin embargo, ¿cómo os creéis que se ha conseguido que hayamos avanzado tanto en cuanto a los derechos de los LGTB? ¿Quedándose en casa? ¿Diciendo que es parte de la vida privada y que a nadie le importa? ¿Sin manifestaciones? ¿Sin reivindicaciones? Así las cosas, pareciera que de repente vino un mago y con su varita mágica obró el milagro de que se aprobaran leyes que nos otorgaran igualdad de derechos.

A Wizard Did ItTe equivocas, Xena

Todo esto se ha conseguido gracias a gente que ha salido a la calle, que ha luchado, que no ha optado por la comodísima posición de quedarse en la seguridad que le proporciona su casa, su armario, su jaula de oro, mientras intentaba autoconvencerse de que lo que hace no sólo está bien, sino que los que están equivocados son los que optan por dar un paso al frente.

En definitiva, se ha logrado “molestando”. Y, por cierto, no se molesta solamente acudiendo a la manifestación, sino en el día a día siendo valiente y dándole una patada a la puerta del armario. Es decir, exponiéndote, arriesgándote. Aunque parezca algo sin importancia, eso es luchar. Ahora bien, es una decisión personal y requiere mucha valentía. De hecho, quiero dejar muy claro que no lo echo en cara porque esta actitud de autoprotegerse es completamente lógica en un mundo donde ser heterosexual es la norma. Lo que sí me fastidia, y bastante, es que aquellos que no lo hacen se pierdan en excusas. La causa real de que no se quiera salir del armario no es que esté en el ámbito de la vida privada, es por miedo, por no distanciarse de la mayoría y arriesgarse a que te vean como un bicho raro.

En conclusión, bajo mi punto de vista el orgullo LGTB es totalmente necesario. Queda mucho por hacer. Sigue existiendo miedo, acoso, discriminación, y sobre todo, prejuicios de todo tipo. Es una manera de decir que estamos aquí, existimos, y esto juega a favor de un reconocimiento, de normalizar algo que debería considerarse normal. Actúa como elemento concienciador y reivindicador en medio de una sociedad extremadamente heterocentrista.

No es sólo una “fiesta” a la que acuden unos tipos en carroza disfrazados de manera extravagante (lo que me parece perfecto, a mí me encanta). Es una manifestación en toda regla a la que acude gente de todo tipo y de todas las sexualidades.
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Espero que en el futuro el carácter de reivindicación y de lucha que tiene este día cambie y simplemente se quede en un día de festejo en el que celebremos la diversidad sexual y la conquista de la igualdad real.