Reseña Lucky Star (Kagami Yoshimizu)

La estrella sobrevalorada

Hay pocas obras con un título tan apropiado. Esta serie es tan famosa y está tan, pero taaan bien valorada que se considera poco menos que una maravilla que todo aficionado a la animación japonesa tiene que ver. Y tengo entendido que en Japón incluso se sacan andas con sus imágenes, cual si de santas se tratara. Sabiendo lo anterior, tras ver el anime en cuestión, sólo puedo pensar que realmente ha sido bendecido por alguna estrella, porque si no no se explica tanta adoración. Si tuviera que definirlo en una sola palabra sería «japonesada». Es un producto nipón con prácticamente todas las características que se suelen atribuir a estos: desde personajes de ojos grandes, peinados imposibles y aspecto «mono», hasta música chillona y colores brillantes, ideales para producir un ataque de epilépsia.

Sin títuloUno de los posibles efectos de ver Lucky Star.

El elenco esta formado por tópicos con patas: tenemos a Konata, la otaku despreocupada; Kagami, la tsundere responsable; Tsukasa, la soñadora inocente; y Miyuki, la inteligente torpe. Y esas son solo las protagonistas, pero a lo largo de los capítulos van apareciendo cada vez más y máaas hasta abarcar todos los clichés habidos y por haber. Aunque esto no es malo porque están hechos así a posta (o eso quiero creer) para parodiar los animes, los mangas y la sociedad japonesa. Si los hubieran concebido de ese modo pretendiendo que fueran originales y/o interesantes habría subido a un monte para tirarlos desde lo alto de un barranco; y Green Peace me habría multado por arrojar basura. No merece la pena seguir hablando de ellos porque no tienen facetas más allá de sus roles, son más planos que un charco y no hay nada más que me apetezca se pueda decir.

Sobre la trama. Pues consiste en… haber es cuandooo… sí, ese momento en que… mmm estooo, hablan. Toda la serie está compuesta por secuencias autoconclusivas en las que los personajes dicen o hacen algo. Ya está. No pasa absolutamente nada más. Se relatan, con un humor más simple que el mecanismo de un chupete, las vivencias de los personajes, buscando que te sientas identificado y/o te diviertas. Que sea simplón no quiere decir que sea demasiado malo, de hecho, suele hacerte reír. ¿Por qué digo suele? Porque este anime tiene la regularidad de una montaña rusa. Puede que con una escena te tronches y en las dos siguientes te quedes con cara de póquer, bien porque hacen referencia a algo que se te escapa (tienes que estar muy puesto en la cultura otaku o no pillarás ni un resfriado), bien porque hacían la misma gracia que una patada en el culo.

—SeRRà Qe tÙ noH PiyAs eL cHIsteh.
—En algunos casos puede ser, pero en otros digo que gracioso no significa decir o hacer la primera estupidez que se te ocurre.

Sin título
Vamos reíros. ¿No lo encontráis divertido? ¡Si es graciosísimo! ¿No? ¡¿No?! … No cuela, ¿verdad?

La serie busca complacer con un humor facilón y unos personajes con aspecto «adorable» (¿soy la única a la que esa pinta tan aniñada se le hacía inquietante? Nunca me han convencido esos personajes a los que te presentan diciendo que aunque, casualmente, aparenten once años son mayores de edad) hechos para que les cojas cariño. Además sus continuos guiños a tópicos y costumbres japonesas pueden hacerla interesante (lo cual no quiere decir que sirva para aprender cosas sobre Japón, no os engañéis, esto es al país nipón lo que las películas de instituto a Estados Unidos). Pero la parodia hay que tomársela muy en serio para que funcione, y a ratos este anime se convierte en lo que quiere parodiar, además de que puede perfectamente tacharse de insustancial, superficial y estúpido.

Mención aparte merecen Lucky Channel y los créditos finales. El primero, aunque al principio parece el típico relleno para llenar minutos, es una crítica al mundo de los ídolos japoneses que no está del todo mal. Y sobre los segundos, eso de que en cada capítulo sean una canción de un anime conocido es original, pero nadie ve los créditos de todas formas cansa rápido, algo de lo que los propios creadores se dieron cuenta, sin embargo, en serio, ¿en que momento pensaron que un tío haciendo el lilas mientras invoca a la lluvia (si eso es cantar yo soy María Callas) iba a ser más interesante?

A menos que seis fanáticos incondicionales de todo lo japonés o tengáis mucha paciencia y tiempo libre no es recomendable verla entera, es preferible limitarse a echarle un ojo a los mejores y luego a otra cosa mariposa.

Sentencia

Para entretenerse un rato y que cuando los autodenominados otakus la mencionen sepas de qué te están hablando.

PS: Por cierto el decir: «ooh Kotata es una monada y es otaku como yo, me siento muy identificado/a» no es un argumento válido para calificar a la serie de sobresaliente. Asumidlo.