Reseña Trilogía Fairy Oak (Elisabetta Gnone)

O cuando te saboteas tu propia obra

Dedico esta reseña a Celia Añó, que parece ser de las pocas personas de acuerdo conmigo. Además, así de paso la recomiendo, que su blog merece la pena y deberíais conocerla como escritora y dibujante.

Esta trilogía ha resultado una decepción terrible. Y, por favor, que nadie me entienda mal: no lo digo porque sea infantil, tengo ningún problema con los libros orientados a la infancia, me suelen encantar y tenía esperanzas en que estos libros se añadieran a mis favoritos. ¿Por qué Gnone? ¿¡Cómo vas y lo estropeas con una ejecución TAN horrible?! Tu eres buena escritora. Ahí está W.I.T.C.H. Es que parece que la autora se hubiera saboteado a propósito para hacer una historia tediosa a base de ponerte material muy interesante delante… sólo para luego centrarse en lo aburrido, dejándote con las ganas y una decepción tremenda.

tenorElisabetta Gnone durante toda la trilogía.

La historia está ambientada en un pueblo donde la magia es cotidiana y convive gente no mágica con brujas y magos, tanto de la luz como de la oscuridad, y donde cada niñe al nacer recibe un hada que se encarga de hacer de niñera. Además, resulta que tener magia de la luz o de la oscuridad no se presenta como bueno ni malo a priori, simplemente significa tener poderes distintos: la magia de la luz permite crear, pero no pueden hacer desaparecer, mientras que la magia de la oscuridad permite hacer desaparecer cosas, pero nunca van a poder crear. En ambos casos los poderes pueden usarse para el bien o el mal. ¿Se explora y desarrolla ese contexto tan interesante? Pues va a ser que no. A tomar por saco la información sobre la convivencia pacífica entre la distinta gente mágica y no mágica, con lo que eso daba para hacer analogías sobre prejuicios; ni un párrafo que desarrolle el sistema de magia o deje ver costumbres e idiosincrasia, como por ejemplo el consejo mixto que rige el pueblo; y ni media explicación sobre el trabajo de las hadas o su mundo. No te van a contar nada de eso. Tristísimo porque podría haber dado una vuelta de tuerca y crear algo original.

OK. ¿Entonces QUÉ sale en los libros? Pues, para recochineo máximo, los 3 libros son mayoritariamente relleno. Siguen una estructura consistente en que durante todo el rato no sucede nada interesante y al final terminan de forma confusa y abrupta. ¡Por el amor de 2 madres, es que gastan páginas en contarnos que cuando hace viendo se pueden volar cometas o hay que cerrar las contraventanas! Sí, eso no es una exageración, de verdad que se dedican páginas a eso. Pero ya desarrollar bien los enfrentamientos finales y su resolución durante más de 3 páginas para que hubiera algo de sentido o explicar las motivaciones del antagonista era pedir mucho, parece ser. En serio, sería bueno saber por qué en su plan para dominar el mundo (por supuesto, SIEMPRE que no quieren destruir el mundo es que lo quieren dominar) el malo malísimo tópico (es tan genérico que ni nombre se han molestado en ponerle: lo llaman el Terrible 21. Sip, ni un nombre en condiciones pudo conseguirse, ya hay que ser patético) necesita a toda costa conquistar un pueblucho que no llega a 500 habitantes.

Al final cierras los 3 libros y te das cuenta de que te has quedado igual. Ni se puede decir que sea cosa del primero y segundo y que el tercero mejore y explique todo. Pese al buen material de partida, sólo resta la impresión de que estamos en un entorno mágico típico con el clásico enfrentamiento del bien absoluto y el mal supremo porque sí, sin que la historia tenga interés. Y encima mal desarrollada porque no te enteras de la mitad. Pasan cosas, pero no sabes por qué y eso le resta mucho interés aunque estuviera pasando algo emocionante, ya que si no hay razón es básicamente relleno. Lo siento pero poner aventuras no hará menos evidente que no llevan a ninguna parte. Y eso cuando no pasan por una razón ridícula:

Protagonista: Quiero ir a dar un paseo.
— Pero es muy peligroso, fuera del pueblo hay gente que quiere capturarnos y/o matarnos, especialmente a ti.
Protagonista: Pero es que quiero dar un paseo AHORA. Me apetece y punto. *Sale del pueblo y por eso pasa algo.*

Si eso es lo mejor que puedes hacer para mover la trama necesitas replantearte tu trama. Puede colar que suceda una vez porque las protagonistas son niñas y no son plenamente conscientes del riesgo, no obstante, a la tercera vez es para tirar el libro por la ventana. giphy

Y como alguien me venga con la excusa de que los problemas anteriores es porque son libros infantiles le contesto que ¡y un mojón! Los libros infantiles pueden perfectamente transmitir buenos valores, hacer reflexionar y ser grandes libros. Ahí está la (¿dilogía o biología? Nunca me ha quedado claro) de Groosham Grange, que en menos páginas y siendo para 8-12 años hace una reflexión sobre qué es el bien y qué el mal. O Las crónicas de Spiderwick, que habla de forma realista, pese al argumento sobre seres fantásticos, de cómo se siente la infancia ante un divorcio y el abandono de su padre. O Memorias de una gallina, que habla de encontrar tu lugar en el mundo. O Crónicas de Prydain, que refleja perfectamente el proceso de maduración y en qué consiste asumir responsabilidades. La literatura infantil puede ser ARTE y no es excusa para un argumento y desarrollo chapuceros.

Sobre les personajes, lo cierto es que sí me gustan bastante y creo que merecen mucho la pena. Las gemelas Pervinca y Vainilla son adorables, así como sus amistades. Y se prestaban perfectamente a que su historia fuera una con un precioso mensaje contra los prejuicios y que ensalzara el amor de hermanas y la amistad. Para ser justa, creo que es lo que la autora intentaba, pero le sale regular por el pésimo desarrollo ya mencionado. Pervinca, Vainilla y Cía merecían MUCHO mejor desarrollo. Ojalá la voz narradora hubiera sido la de ellas, no sólo porque la historia habría sido mucho más sentida y habría sido genial para la inmersión sino porque Felí, el hada niñera de ambas y narradora, tiene la mala costumbre de no saber qué carajos está pasando casi todo el tiempo. Se supone que era para mantener el interés, pero el resultado es el dicho: una historia confusa donde no te enteras de qué está pasando o porqué sucede casi nada. Típico ejemplo de usar una voz narradora que trata de hacerse la misteriosa para mantener el interés, pero que lo que consigue es el efecto contrario.

Eso sí, necesito quejarme de un punto concreto. ¿Por qué les ponen novios a las gemelas? Cuando se pone a personajes no hétero hay mucha gente que se queja diciendo que no venía a cuento mostrar su sexualidad. Bueno, pues aquí claramente no venía a cuento mostrar que Pervinca y Vainilla son hétero porque, primero, la historia no va de eso y no afecta en nada, está puesto sólo porque parece que tocaba, no vayamos a creer que son unas desviadas o pueden ser felices sin pareja siendo chicas, ¿verdad?; y segundo, porque literalmente es ridículo que me quieran colar que a la edad de ¡10 puñeteros años! van a encontrar a los amores de su vida y esos van a ser los novios con los que se casen. Venga ya, que no sabrán no qué es una relación de pareja en ese momento, por favor. Lo de la heteronorma se nos va de las manos. Especialmente porque en el caso de Vainilla su novio aparece de la nada a 40 páginas del final de la trilogía y hablan una vez. Si eso no es forzar para que la chiquilla no se queda sin nadie que venga Dios y lo vea.

Oh, ¿os he comentado que el novio de Vainilla tiene ¡18 años mientras que ella sólo 10!? ¿Y que es él a quien le gusta la niña al primer vistazo e insiste para que se hagan pareja? Esto ya no es que esté de sobra, es que resulta repugnante y enfermizo. ¡Que llamen a la policía para que detenga a este degenerado asqueroso!

Sin títuloEl novio de Vainilla.

Lo mejor que tienen los libros son los dibujos, que son absolutamente preciosos. Ojalá hubiera habido más, ya que en varias ocasiones eran lo mejor de la página.

Dicho todo lo anterior lo cierto es que no he odiado la trilogía y reconozco que para la edad a la que están dirigidos pueden gustar mucho, así que en ese caso las recomendaría. Pero podrían haber entrado en la categoría de cuentos modernos inolvidables y se han quedado en libros sosos del montón.

Sentencia

Una trilogía entretenida para la infancia, pero que podría haber ofrecido mucho más y se ha quedado en casi nada por lo mal que se ha desarrollado.

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Crónica de mi cena navideña

Tal como me propuse, esta cena de Navidad en familia no me he callado y he saltado cuando han dicho una machistada/LGTBfobada/racistada. Por si a alguien le preocupa aclaro que no he recibido ninguna agresión física, pero psíquicas sí. Se han ensañado conmigo a base de bien. A continuación el relato de los hechos.

La cena empezó como siempre son estas cenas de Navidad en mi caso: toda la familia sentada a la mesa mientras las mujeres cis sirven y los hombres cis se quedan en la mesa esperando y, si acaso, se dignan a poner alguna servilleta. Claro que no es nada que no esperara, para quien no lo sepa aclaro que la mayoría de mi familia es tirando a bastante facha.

Cuando se terminó de servir se comenzó a hablar de todo un poco. Aunque ya dije algo ante comentarios islamófobos sobre que no deberían permitir que los moros construyeran mezquitas, el «espectáculo» de verdad empezó cuando salté ante un «chiste» que contó un primo que va de graciosete. Atención al «graciosísimo chistecito», para que os hagáis una idea de lo que tengo que aguantar: «las mejores mujeres son como el mejor vino: de 12 años y encerradas en un sótano». Podéis tomaros un minuto para recuperaros antes de seguir leyendo, que se que ahora os debéis de estar mondando. Jojojo, ¿qué hay más gracioso que las violaciones y la pedofília? Jajaja.

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Obviamente ante esto salté diciendo que era de muy mal gusto y si le hacía gracia era un pedófilo y un violador. Ahí empezó el ataque. Al principio era lo típico de llamarme exagerada y amargada porque «sólo era humor». Pero cuando dije que era feminista y traté de explicar lo horrible que era semejante «chiste» empezó a ser algo casi organizado y sistemático, con lo que me refiero a siete personas (seis hombres cis y una mujer cis) atacándome verbalmente hasta el punto de no dejarme hablar. Ninguneo y falta de respeto total hacia mi persona. Los comentarios iban desde los típicos que me desacreditaban y pretendían explicarme el feminismo porque sabían tanto que decían que el hembrismo existía y los hombres deberían dirigir el feminismo para que no los margináramos; pasando por quienes se cachondeaban de que muy feminista, pero luego seguro que le dejaba a los hombres el trabajo pesado; hasta llegar a quienes decían que lo que necesitaba era un novio que me echara un polvo y se me quitaban las tonterías.

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Lo peor es que dos de los hombres que se unieron con entusiasmo al machaque y burla eran mis propios hermanos. Porque una cosa es la familia lejana a la que veo de higos a brevas y por la que, en la mayoría de los casos, tengo escaso si no nulo cariño, y otra muy distinta que tu propia familia cercana se te ponga en contra. Eso me dolió como una traición.

Cuando explotó todo de forma definitiva fue al salir del armario. Ante los comentarios de que necesitaba un hombre respondía que eso nunca iba a pasar porque era asexual arromántica y no me gustaban los hombres ni las mujeres. El ninguneo y cachondeo a mi costa fue total. Me convertí en la estrella de la cena; la estrella de mar, que es lo que, entre otras cosas, me preguntaron con chanza si era. Casi hubiera preferido que me miraran mal porque eso al menos hubiera significado que reconocían mi existencia. Me negaron por completo, tanto mi sexualidad como mis sentimientos y experiencias. Y entre los «comentarios jocosos» hubo un primo lejano (el mismo del primer chiste) que hasta me AMENAZÓ con una violación. Sí, como suena, me soltó: «Si no fueras familia te llevaba a un callejón a quitarte las tonterías». Entre carcajadas, porque todo era muy gracioso. Jajaja.

Obviamente yo lo estaba pasando fatal y no dejaba de lanzar miradas desesperadas a mi madre, que supuestamente aceptaba mi sexualidad. Eso fue lo peor. Mi madre, que siempre me ha apoyado en casi todo y es una persona con la que tengo confianza y esperaba poder contar, se quedó callada mirando al plato. Estaba claramente incómoda e intentó cambiar de tema un par de veces, pero NO me apoyó. En un momento en el que necesitaba desesperadamente apoyo y validación me dejó sola y prefirió no entrar al trapo. Entre eso y lo de mis hermanos, que aquí uno no se cachondeó pero tampoco dijo nada y el otro siguió, sentí que a la hora de la verdad no tenía a nadie. Pocas veces me he sentido más sola.

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Al final siento decir que no me ha compensado. Igual es porque no soy una persona capaz de imponer (no tengo gran presencia ni me sale levantar la voz), pero sólo he logrado pasar un mal rato, si bien de forma diferente a otros años. No obstante, aclaro que lo voy a volver a hacer en Año Nuevo y siempre que pueda, hasta que me vuelta molesta aunque sea por puro cansancio. Estoy harta de tener que aguantar machismo, LGTBfobia y racismo. NO es algo inocuo, crea mucho odio y dolor, así que ya anuncio que mi propósito para el próximo año es volverme «la amargada» de las fiestas porque pienso seguir señalando estas cosas y tratando de cortar el rollo. Espero que con la práctica me vuelva más eficaz, pero si no, en cualquier caso, a tenaz no me gana nadie.