The Princess and the Goblin, el clásico injustamente olvidado

Quien siga el blog sabe, y si no lo digo ahora mismo, que está centrado en reseñas negativas. No obstante, también tengo mi lado fangirl y hoy vengo a demostrarlo. Voy a hablaros de uno de mis libros favoritos. Un cuento que seguramente no conocéis ¡y quiero solucionarlo porque me parece una gran injusticia! ¿Por qué? Empecemos por algo de historia.

¡Eh, no huyáis ni empecéis a bostezar que os veo!

Ejem. Aunque os cueste imaginarlo, hasta hace relativamente poco no existía la literatura infantil como tal. Claro que se escribían historias, pero estas apostaban por el didactismo; es decir, las historias no eran tanto para entretener como para educar. ¿Resultado? Novelas y cuentos con moralejas sobre mantener la castidad y decencia, hacer caso a la gente mayor, lavarse las manos después de ir a baño y demás. Un peñazo, si me preguntáis. Y la infancia debía pensar lo mismo, porque el género no era demasiado popular ni importante. Pero entonces, en la pérfida Albión Reino Unido decidieron hacer algo bueno entre tanto colonialismo y tazas de té. Así que en 1865 se publicó un libro que seguro que os suena: Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Una historia con una niña de protagonista y que se pasaba por el forro de la levita inglesa todo eso de las enseñanzas para dar rienda suelta a la imaginación. Fue un exitazo. La infancia estaba harta de enseñanzas y clamó que ¡por fin! alguien la había escuchado para darle lo que de verdad quería leer: aventuras con las que sentirse protagonistas y a las que poder jugar luego. Lo de que Carroll escuchara tan bien a la infancia porque posiblemente tenía tendencias pedófilas lo dejamos para otro día. Lo importante es que el libro creo tendencia e inauguró la llamada Primera Edad de Oro de la literatura infantil, que duró hasta la I Guerra Mundial y consolidó el género. Durante ese tiempo aparecen, entre muchas otras, una serie de obras inglesas que seguro que os van a sonar también por la influencia que han tenido: La isla del tesoro (1883) de Robert Louis Stevenson, El libro de la selva (1894) de Rudyard Kipling y Peter Pan y Wendy (1904) de J. M. Barrie.

Sin título

Bueno, pues es en ese momento cuando se publica, en 1872, The Princess and the Goblin por George MacDonald. Y sigo preguntándome por qué, mientras que las anteriormente mencionadas se han convertido en obras de culto con un reconocimiento prácticamente mundial, esta no es ni ¼ de conocida (sobre todo fuera de los países de habla inglesa). Total, lo único que hizo fue introducir a una generación entera a la fantasía (cuentan que los cuentos de MacDonald gustaban tanto que la infancia de las cercanías iba a su casa para ver al que escribía unas historias tan chulas) y ejercer una influencia definitiva en los inklings. OK, lo último no fue sólo este libro sino todas sus obras. Pero este libro es la inspiración directa de, entre otras, Las crónicas de Narnia (a las que patea el culo), El hobbit y, junto con los libros de Edith Nesbit, también de Harry Potter; así como uno de los pilares de la fantasía infantil contemporánea.

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¿Por qué entonces esa falta de reconocimiento fuera de círculos concretos de frikis de la fantasía? ¿Por qué casi nadie conoce a este autor ni le suena esta obra, al contrario que con todas las demás mencionadas? Y eso no son preguntas retóricas. Así que en esta entrada me he propuesto solucionarlo aunque sólo sea un poquito. Ojo que voy a DESTRIPAR detalles de la trama, aunque siendo un cuento es bastante predecible. Y no es que sea necesario leer el libro sin saber nada de él para no estropear X giro de tuerca, más bien diría que justamente es uno de esos libros que se disfruta más si ya sabes sus mensajes, porque así puedes comprender y analizar el subtexto.

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¿De qué va la historia? En un reino viven la princesa Irene, de 8-9 años, que reside en una gran casa de campo junto con gente que la cuida y educa mientras su padre el rey viaja atendiendo cuestiones de estado; y Curdie, un niño minero de unos 12 años. Porque sí, en esa época lamentablemente el trabajo infantil estaba permitido e Inditex no tenía que irse a Bangladesh para enriquecerse explotando a la infancia. Trabajo infantil de lado, el lugar es bastante idílico menos por el pueblo goblin. Este está compuesto por gente que en el pasado fue humana, pero mucho tiempo atrás abandonó el reino para vivir bajo tierra en las cuevas de las montañas y, tras generaciones en la oscuridad, se han trasformado en otra especie, igual que sus animales. Sí, a MacDonald le gustaba el lamarckismo. El caso es que les goblins odian a la que llaman “gente del Sol” y están planeando conquistar el reino, que es precisamente lo que Irene y Curdie impedirán, con la inestimable ayuda de la abuela de Irene.

Como he dicho, es un cuentecito infantil sin sorpresas y con un argumento simple. No obstante, lo interesante de este libro no es tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta.

Para empezar, debo advertir que el libro es una alegoría cristiana. No por nada MacDonald era un ministro cristiano. Esto es importante tenerlo en cuenta porque hay algunas partes en que la enseñanza moral se adueña de la narración y a MacDonald le da por soltar consejos y comentarios o ponerse explicativo. Sí, aunque se estaba abandonando ese estilo didáctico estos no mueren de un día para otro, los estilos son como las infecciones y nunca pasan rápido. Además, no por nada el libro es la inspiración directa de Las crónicas de Narnia; no obstante, también he dicho que les patea el culo ya que aquí, y pese a que el libro es anterior, los mensajes son más sanos como en seguida pasaré a demostrar.

La escritura es agradable. Seguramente porque es para la infancia, pero resulta evocadora sin ponerse farragosa ni pedante El estilo es sencillo y el autor se dirige directamente a la gente que lee la mayor parte del tiempo. Esto no es un defecto ni una virtud, depende de si te agrada o no. A mi personalmente me producía sensación de complicidad, era como si me estuvieran contando directamente la historia, algo que de pequeña me gustaba bastante. Y, algo que de pequeña también me gustaba mucho y ahora me sigue encantando es que MacDonald se las arregla para magnificar lo cotidiano: algo tan simple y normal como una excursión a la montaña, hacer una exploración de su propia casa o ir a hacer recados por parte de Irene o Curdie se muestra como algo especial. En este sentido creo que se capta muy bien el espíritu infantil. En la infancia no necesitas ir a un mundo fantástico para vivir aventuras mágicas, es que el mundo cotidiano es fantástico y mágico y así lo vives. O, por lo menos, así lo vivía yo y por eso me identificaba mucho con la historia. La fantasía y lo común están entrelazados y no hay una separación, al contrario que en muchos los libros infantiles o no tan infantiles, que contraponen el mundo fantástico con el corriente, siguiendo el esquema del viaje tras el que tienes que volver a casa.

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Pero lo anterior es más bien personal. Pasemos a lo realmente interesante: la forma de contar esa historia, porque ya digo que la gracia son los mensajes que se pueden sacar de esta más que la historia en sí.

Irene y Curdie

Son el dúo protagonista y, en parte, cumplen los tópicos que se esperaba de la época sobre cómo debían ser una chica y un chico. En este sentido creo que Curdie sale perdiendo, porque eso obliga a que su personaje sea demasiado valiente y maduro para su edad, quedando idealizado en demasía. En cambio, Irene me parece genial y es una de mis protagonistas femeninas favoritas. Tiene momentos en los que llora y tiene miedo, algo totalmente lógico, pero se ve que es una niña valiente y fuerte justamente porque el valor no es no llorar ni poder permitirse ser nunca débil, sino ser consciente de lo anterior y sobreponerse. Así, Irene a veces se derrumba por el miedo o la desesperación y tiene una llantina, pero no se queda ahí pasiva sino que cuando se calma se seca las lágrimas y piensa en cómo solucionar la situación (y lo consigue). De pequeña me identificaba mucho con ella y muy poco con Curdie precisamente por esto, me veía reflejada y no sólo porque fuera una niña (hay falta de referentes femeninos buenos, pero siempre me ha parecido una tontería eso de que sólo te puedas identificar con tu género), sino porque era como yo (lógico en la infancia, pero es que además yo era bastante llorona) y me enseñaba que eso no era malo y lo importante era sobreponerse. Que aunque llorara eso no significaba que no pudiera ser una heroína. Porque esa es otra. Irene a veces necesita que la salven, pero luego es ella también la rescatadora. Lo cual es otro detalle que me encanta, por cierto: ella y Curdie se salvan mutuamente. Al principio Irene y su niñera Lottie sufren en las montañas un asalto por parte de goblins porque se les hace de noche en una excursión y Curdie las salva, y después es Irene la que libera a Curdie cuando este está prisionero en el palacio goblin. Lo anterior se presenta como lo normal, diciendo que todo el mundo, hombres y mujeres, necesita ayuda alguna vez y eso no hace débil. Nada del tópico de que el protagonista masculino salve a la femenina y lo haga todo. Incluso hay un momento genial en que todo el mundo, Curdie incluido, cree que Irene ha sido secuestrada por una horda goblin y necesita ser salvada. El tópico se subvierte cuando Curdie descubre que Irene se ha salvado ella solita y tiene la situación bajo control, resultando en una escena más o menos así:

Irene: Gracias por preocuparte, Curdie, pero no tenías que haberte estresado ni venir corriendo a buscarme, estoy perfectamente.

Curdie: ¿Y no estás histérica? Por lo de que acabas de escapar de un asalto a tu casa y ahora estamos en medio de una inundación y tal.

Irene: ¡Qué va! Como puedes ver lo tengo todo bajo control. Me he asegurado de ponerme a salvo en un lugar en el que no entre el agua y estaba por hacerme un té. ¿No habrás traído pastas, verdad? ¿No? Una pena. ¿Te apetece una taza para relajarte mientras esperamos a que pase la riada?

Es más, Irene a lo largo de la historia va madurando y pasa de la sobreprocteción de su niñera a empezar a asumir responsabilidades junto a su padre, preparándose así para ser una buena reina en el futuro. Sí, es cierto que para la actualidad resulta una maduración demasiado precipitada, pero hay que tener en cuenta que en esos tiempos ya sobre los 9-10 podían ponerte a trabajar. La verdad es que Irene apunta a que va a ser una mujer madura, racional y fuerte en el futuro. Y eso siendo compasiva y dulce porque para ser fuerte no se necesita ser como el estereotipo de hombre tóxico, violento y sin sentimientos; se puede ser fuerte sin levantar un arma porque sobreponerse a los problemas y temores y asumir responsabilidades también requiere mucha fortaleza. Ojalá más ejemplos de que ser fuerte no es sólo dar tortas y de que los atributos típicamente considerados femeninos como ser compasiva no son inferiores ni incapacitan para ser buena personaje (y eso vale también para personajes masculinos). Irene necesita más reivindicación.

051b00ec64e0955373010ef152cc1fe3421192-wmEste será el futuro de Irene unos años después de la historia del libro. No podéis cambiar mi mente.

El tratamiento de lo femenino

El punto anterior me lleva a querer destacar este. Para ser un libro antiguo está bastante bien en lo que a tratamiento de mujeres se refiere. Por desgracia sigue habiendo tópicos machistas, como una escena en que se insinúa que las mujeres son más cotillas o el detalle de que la madre de Irene está muerta. Y varios momentos de machismo benevolente, pero machismo a fin de cuentas, como decir que no se debe pegar a las mujeres porque son mujeres, cuando debería ser que no se debe pegar a nadie porque la violencia está mal. Pero por suerte son detalles minoritarios y se compensan porque:

1. Como acabo de decir en el punto anterior, Irene se prepara para ser reina. Así sin más. Nadie insinua siquiera que una mujer no pueda tomar el poder ni gobernar bien. Lo que importa en el reino es ser una persona justa y compasiva que escuche a su pueblo y se preocupe por él, no hay diferencias entre hombres y mujeres a la hora de subir al trono. Esto todo el mundo lo tiene asumido y expresan sus deseos de que Irene sea tan buena reina como su padre. Olé. Estoy harta de que en historias donde hay magia y criaturas fantásticas luego se vomite machismo porque todo lo anterior se puede asumir, pero justo la igualdad no iba a ser creíble. Ojalá más cuentos así porque las mujeres también queremos (y necesitamos) fantasías de poder en las que ser princesas implique llegar a ser poderosas e importantes, no que nos digan que nuestra única fantasía tiene que ser la aspiración de pescar un hombre.

2. Se reconoce el trabajo doméstico como una labor dura, equiparable a la que hacen los hombres fuera de casa y sin la cual la familia no podría vivir; y se dice explícitamente que hay que agradecer esto a las mujeres y alabar y respetar dicho trabajo, porque si los hombres pueden dedicarse al trabajo fuera de casa es gracias a que tienen mujeres detrás encargándose de llevar el hogar. Razón por la que la madre de Curdie es igual de respetada y bien considerada que su padre. Lo malo es que tiene el punto machista de hacer división de trabajo, insinuando que cada quien tiene ciertas tareas en función de si es hombre o mujer. Pero el hecho anterior ya es maravilloso porque es algo que se reivindica demasiado poco.

3. ¿Recordáis que he dicho que el libro es una alegoría religiosa? Pues sale una representación de Dios… y es una mujer. Para MacDonald la naturaleza de Dios es femenina. Y además es una deidad que se dedica a ayudar a otras mujeres y hacer cosas como salvarlas del acoso y la violencia (¿y posible intento de violación? No se dice expresamente como tal, pero una mujer cuenta que le rajan la ropa y no sabe qué habría sido de ella de no ser por la intervención divida).

La forma de abordar el mensaje religioso

De nuevo encadenando puntos, quiero hablar sobre cómo se trata el tema religioso en el libro. Aunque el núcleo de la historia es sobre creer y la fe, el tratamiento es muchísimo mejor que el de Lewis y me hace respetarlo aunque no esté de acuerdo.

En esta historia hay una representación de Dios en forma de la tatara-tatara-tatarabuela de Irene (aunque se la llama abuela por abreviar), que es una anciana bondadosa que habita en la torre de la casa de Irene, en una habitación mágica que no siempre parece estar ahí y cambia cada vez que entras. Esta deidad es una figura de poder, pero benigna, cercana y que no necesita adoración ni reconocimiento por sus milagros, ya que si actúa es porque se preocupa por Irene y todas las personas del reino. Lo cual es muy interesante porque es otra forma de valorizar las cualidades típicamente femeninas. Para MacDonald esas características como el cuidado, la piedad y la comprensión son justamente las mejores y las que tendría que tener una deidad, para MacDonald una deidad ha de ser como una buena madre, que no padre.

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Además, aquí la abuela pide a Irene confianza ciega, pero la manera de hacer esto es: ahora no puedo explicarte mis motivos/no los vas a comprender, pero sabes que te quiero, siempre me he preocupado por ti y todos mis consejos hasta ahora han resultado ser para bien, por lo que te pido que confíes en mi, te prometo que más adelante lo verás. Esto hace que no quede un mensaje sobre que los designios divinos son buenos y correctos por ser divinos con interdependencia de lo que impliquen; sino que los designios que deben seguirse son los correctos, algo que sabes porque suponen hacer el bien, y que por eso son divinos. Parece un trabalenguas, pero hay una gran diferencia.

Incluso hay un mensaje de respeto y tolerancia y la abuela misma dice que no pasa nada por no creer, que la gente que cree debe respetar a la que no. A sus pies, señora. Si toda la gente creyente siguiera esa consigna el mundo sería un lugar mucho mejor. Personalmente soy atea, pero si tuviera que haber una deidad ojalá fuera esta: una que de verdad es bondadosa y respetuosa y te cuida igual creas o no, porque lo importante es ser buena persona y no las creencias, que ella misma admite que no te hacen automáticamente mejor. Lo que te hace mejor es actuar bien. Aplauso. Esta señora es mejor que todas las deidades de que he tenido conocimiento hasta la fecha.

Y eso, querido público, es la diferencia entre ser una persona creyente, pero con criterio y capacidad de discernir, que usa sus creencias para dar sentido a su vida y ser mejor persona; y ser una persona fanática sin cerebro que cree que todo, incluso pasarse los derechos humanos por el forro, está justificado por tus creencias porque tienes razón y punto. Y, a nivel de mensaje y narrativa, también es la diferencia entre escribir una buena obra que incluya los valores que crees correctos y los justifique, y escribir un panfleto que busque decir a la gente qué pensar.

El pueblo goblin

Por último, quiero mencionar al bando antagonista porque es muy interesante la razón por la que se muestra que es malo:

1. Como he dicho, odian a la “gente del Sol” y por eso disfrutan atacar a las personas a las que se les hace de noche en las montañas. Sip, su maldad es porque hacen cosas malas a otra gente por placer. Parece una tontería, pero hay demasiados libros que nos venden que el bando bueno lo es porque así lo dice quien escribe y el malo es malo porque se le opone, aunque luego hagan más o menos lo mismo.

2. Desprecian otras culturas sin conocerlas. Lo suyo es lo único bueno y a quien cuestiona se le acusa de ser poco patriota, aunque haya dicho algo muy lógico y a todas luces cierto. Incluso cuando les vienen obvios problemas de su atraso les da igual y se parapetan en la tradición; odian el cambio, lo diferente y la diversidad.

3. Ven bien maltratar mujeres. El príncipe goblin dice expresamente que va a ser divertido hacer llorar a Irene y que piensa mutilarle los pies para que sean como los del resto. Concretamente arrancarle la piel de entre los dedos de los pies y uníselos. Pero ojo que él también tiene dedos, pero se niega a que se la haga lo mismo porque él es hombre y goblin. Por cierto, ¿recordáis lo dicho arriba de la mujer que es atacada y acosada y le rajan la ropa? Sí, es por goblins.

4. También ven bien la colonización, el robo y el genocidio. De hecho, el plan para conquistar el reino del padre de Irene es a base de secuestrar a Irene para que se case con el príncipe goblin, siendo la esclava de este. Y que cuando el padre de Irene se rinda acabar con la mayor parte de la “gente del Sol” excepto una poca que dejen como esclava, quedándose con todos sus recursos. Incluso trabajan para inventar métodos de matar a mucha gente de forma rápida y efectiva.

5. Les goblins van a matar cuando luchan, mientras que otra gente piensa que eso no está bien y trata de dar golpes no mortales; por ejemplo, atacando con el mango de un pico en lugar del pico para dar un golpe que aturda en lugar de una herida.  Y tampoco ven mal emplear tácticas rastreras como atacar a traición o contra gente civil desarmada, al contrario, consideran que eso es muy inteligente y hacen uso activo de dichas tácticas. El pueblo goblin no cree en la piedad ni el respeto a los derechos humanos o las leyes de guerra. Aunque no me extraña viendo lo anterior.

6. No quieren pagar impuestos. No, eso último no es una broma, les goblins no quieren pagar impuestos porque no les da la gana compartir con el resto de la sociedad. Son neo liberales. Incluso se insinúa que la razón por la que se exiliaron en primer lugar es porque no querían pagar impuestos ni adaptarse al resto de la sociedad, pero luego una de las principales razones de su odio es que se quejan de que no tienen lo mismo cuando si no lo tienen es porque se han auto aislado.

La comparación que se puede sacar es tan evidente que no la voy a hacer, la verdad. Pero sí, el pueblo goblin es nazi.

Por cierto, su debilidad son las rimas y las canciones. Sí, es una debilidad bastante tontorrona, pero me parece muy apropiada para un cuento infantil y de pequeña me gustaba mucho porque implicaba que si tenías miedo de criaturas que aparecían en la oscuridad para hacerte daño podías hacerlas huir de un modo sencillo y creativo que estaba a tu alcance. Eso en la niñez ayuda mucho como una especia de conjuro contra los miedos infantiles.

Sentencia

No es un libro perfecto, pero si un cuentecito muy evocador que no ha envejecido mal y además es precursor de muchos otros. Merece más reconocimiento.

PS: La genial Belldandy me chiva en los comentarios que existe una película de este libro. Aquí la dejo por si a alguien le interesa. Para mí ha sido todo un descubrimiento. No tiene nada que envidiarle a películas Disney, canciones incluidas. Pero parece que le ha pasado como al libro y es una joya ignorada.

Y aquí la versión doblada en español europeo (me ha sorprendido que exista, creía que era de esas películas que no había salido del país; desgraciadamente parece que no tuvo mucho éxito y no entiendo por qué), titulada La princesa y los duendes, porque no todo el mundo tiene que saber inglés.

¡Disfrutad!