Reseña Yuri!!! on Ice (Sayo Yamamoto)

Tampoco tiremos cohetes

Yuri!!! On Ice ha sido uno de los animes más comentados de la temporada de otoño.  Se trata de un anime de patinaje artístico sobre hielo en el que, según leía en comentarios a través de Twitter, se ponía en el centro del hilo argumental una relación romántica bastante clara entre dos chicos que surgía, además, de una manera espontánea. Como no podría ser de otra manera, me picó la curiosidad y me puse a verlo para comprobar si era cierto.

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Empecemos por el argumento. Yuri Katsuki es un joven patinador sobre hielo que, tras una competición en la que queda en último lugar, decide volver a su ciudad natal. Un buen día, y de buenas a primeras, se encuentra allí mismo con Viktor Nikiforov, una leyenda del patinaje artístico y al cual Yuri siempre había admirado, dispuesto a convertirse en su entrenador después de haber visto un video de Yuri patinando (sí, el argumento comienza siendo poco creíble). A partir de ahí, Yuri, junto con su entrenador Viktor, vuelve a competir mientras la relación entre ambos chicos se va estrechando.

Aunque, siendo realista, está lejos de ser una obra de arte, en general el anime se me ha hecho ameno. Tengo que confesar que a mí, personalmente, me aburren los animes de deportes (a pesar de que en la vida real me encanta el deporte 😜) porque los veo muy repetitivos y predecibles, pero con éste no me aburrí ni se me hizo pesado, y eso se agradece.

Los personajes están bien individualizados y cada uno de ellos compite atendiendo a sus propias motivaciones, unas más normales y sanas, y otras no tanto (ejem). Cuando está en la pista, cada personaje va soltando un rollo a veces infumable sobre lo que va sintiendo, reflejándolo a su vez en cada movimiento de su actuación, lo que provoca una conexión que puede llegar a ser hasta bonita, pero otras veces se da una especie de sentimentalismo exagerado que no produce un buen efecto y roza la parodia. Supongo que se intenta reflejar la pasión de los personajes por lo que hacen en la pista pero no siempre funciona.

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Después de estas consideraciones generales, vamos a quid de la cuestión y centrémonos ya en la relación de Yuri y Viktor. Después de verlo, creo que este optimismo y estas buenas críticas de las que hablaba están justificadas en parte pero, desde mi punto de vista, sigue teniendo pegas.

Tiene un punto fuerte. Al principio me daba la sensación de que Viktor estaba siendo demasiado invasivo con Yuri, y ya me temía que iba a ocurrir lo de siempre: una relación tóxica en la que uno acosa al otro pero que todo el mundo ve guay porque a ese otro supuestamente le gusta en el fondo, todo mezclado con fanservice a porrillo. Pero no. Conforme avanza la trama te vas dando cuenta de que Yuri siente lo mismo que Viktor y lo va exteriorizando de manera que al final queda una relación bastante equilibrada y muy recíproca. Especialmente me parecieron tiernos esos gestos espontáneos de cariño tanto de Viktor hacia Yuri como de Yuri hacia Viktor (confieso que hay escenas en las que notaba que me derretía de ternura XD). Es decir, huye de la toxicidad extrema a la que nos tiene acostumbradas el yaoi o el shounen-ai (aprovecho para invitaros a echar un vistazo a las reseñas de Sekaiichi Hatsukoi, Junjou Romantica y You’re my Loveprize in Viewfinder hechas por mi compañera Selenita para comprobar dónde estaba el listón y cómo, en comparación, este anime parece genial).

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El punto débil, en mi opinión, sería el siguiente. Aunque me ha parecido una relación romántica de manera inequívoca,  tiene un error que para mí es muy importante: en ningún momento esa relación de amor se hace “oficial” de manera explícita. Es decir, para mí habría tenido muchísima importancia que se hubiera dicho, en voz alta, sin medias tintas, sin ningún margen para la interpretación, que eran pareja. Cuando había alguna escena en la que de alguna manera dijeran que podrían ser pareja, siempre se hace con un matiz humorístico, en ningún caso serio o como si fuera algo sin importancia.

Sin duda, es un paso adelante que se traten estas relaciones con esta espontaneidad pero, lo dicho, necesito que sea más explícito, que “sea dicho”, no mediante suposiciones, gestos, aunque estos sean clarísimos. Necesito que las cosas sean llamadas por su nombre, y es eso precisamente lo que sigo echando en falta, romper ese tabú.

Para concluir, me ha parecido un anime aceptable. En cuanto a argumento no está nada mal (sin pasarse, no obstante). En cuanto al tratamiento de la relación de amor entre los dos chicos, como vengo diciendo, hay igualmente mucho margen de mejora, pero sin duda es mejor que otros que tratan el tema y, por lo tanto, es un pequeño avance.

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Hazlo, Disney: Give Elsa a Girlfriend

Para quien todavía no se haya enterado, en los últimos meses las redes sociales han sido escenario de una intensa campaña pidiendo a Disney que la protagonista de Frozen, Elsa, tenga como pareja a una chica en la segunda entrega de la película. Aunque afortunadamente he visto a más gente partidaria que detractora, no me deja de llamar la atención que aún se genere polémica en cuanto al tema.

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No entiendo que haya algo que debatir. Para mí está clarísimo que es fundamental contar, no sólo con la presencia de una princesa Disney lesbiana, sino con más personajes LGBT en los dibujos y cuentos infantiles.  Hasta me escandaliza que esto todavía no esté ocurriendo, o al menos no con la frecuencia que cabría esperar de una sociedad medianamente avanzada.

Y digo que me escandaliza porque yo fui una niña lesbiana que creció en los noventa sin ningún referente al que agarrarme. Desde entonces ha llovido bastante y, sin embargo, las niñas y niños LGBT de hoy en día siguen de la misma manera.

Creo que no exageraría si digo que todas las personas LGBT hemos creído en nuestra infancia o adolescencia que éramos heterosexuales. Estamos tan perdidas que en un primer momento ni siquiera sabemos que lo estamos. Lógico si nos ponemos a analizar cómo nos imponen la heterosexualidad. Yo diría que nos la meten en la cabeza a martillazos, nos la incrustan en el cerebro, quitándonos la facultad de ser quienes somos y convirtiéndonos en una especie de zombi programado para cumplir con ciertos patrones.

Sí. Nos programan para ser heterosexuales. Nos eliminan cualquier mención a cualquier otra orientación que no sea la heterosexual. Y, cuando se nombra porque no queda otro remedio, nos hacen ver que esas orientaciones sólo las tiene gente rara, alejada y extraña que no tienen nada que ver con “nosotros”, la gente normal. Hasta te contagian ese rechazo por esa “otra gente” que no tiene, supuestamente, nada que ver contigo.

Así crecemos. Todo centrado en la heterosexualidad y odiando de manera inconsciente a la gente que no cumple con ello. A tus amigas les gustan los chicos. A tus amigos les gustan las chicas. Si eres chica, te preguntan por el novio. Si eres chico, te preguntan por la novia. Hasta las clases de “educación sexual” están exclusivamente centradas en la heterosexualidad.

Con este panorama de presión y bombardeo continuo, ¿cómo vas a pensar que no eres heterosexual?, ¿cómo vas a pensar que existen otras posibilidades?, ¿cómo vas a cuestionar a esa sabia gente mayor que te han metido eso en la cabeza?

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Por supuesto, libros, dibujos animados, videojuegos, series y películas no iban a ser diferentes. Hay que tener en cuenta que cuando eres pequeña estas historias son muy importantes. No solamente te diviertes. A través de ellas aprendes. Asimilas valores. Te identificas con los personajes. Pero en estas historias, siempre que se habla de amor en el sentido romántico, es sinónimo de hablar del amor entre una chica y un chico.

Os voy a contar algo muy personal para que se entienda mejor. Recuerdo que en el caso de historia romántica me identificaba con el chico porque (ahora lo sé) me gustaba la chica. Sin embargo, yo en ningún momento sentía que yo fuera un chico, y tampoco me daba cuenta de que lo que me pasaba era que me gustaba la chica. No entendía absolutamente nada, pero en ese momento tampoco me lo cuestionaba. Al fin y al cabo, no me podía plantear otra cosa porque no me lo habían ni mencionado: yo era una niña y por tanto a mí me tenían que gustar los niños.

El “fallo de programación” ya asomaba. El sentir, quizás la mayor parte del tiempo en un plano inconsciente, que no encajaba, que me pasaban cosas “extrañas” que no se correspondían con lo que me habían enseñado, me causaba dolor y confusión. Y más adelante te sientes fuera de todo porque eres incapaz de cumplir con lo que se espera de ti. Lo peor es que ni siquiera encuentras una explicación para tu comportamiento. Te llegas a cabrear contigo misma y a reprocharte continuamente. Te echas la culpa de todo. Piensas que eres idiota y rara. La autoestima, como podéis imaginar, por los suelos. Me habían enseñado, simplemente, que yo no podía existir.

¿En serio hace falta que una niña pequeña pase por todo esto por una serie de prejuicios sociales? ¿Qué habría pasado si hubiera habido en mi vida una princesa Disney lesbiana en la que verme reflejada? Imaginaos cómo habría cambiado la historia. Seguramente habría sido más feliz porque me habría entendido a mí misma y, al hacerlo, me habría sentido más integrada y no tan sola, más segura de mí misma y, de paso, me habría enseñado a mí y al resto de chicas y chicos, sean o no LGBT, la diversidad existente.

Os aseguro por experiencia propia que cuando te identificas, le encuentras una explicación a todo y ves que todo está bien, que no eres un bicho raro, que lo que te pasa es normal, la sensación de alivio y alegría es maravillosa. ¿Por qué no aliviar a esas niñas y niños con ese sencillo gesto como incluir a todo tipo de personajes en estas historias? ¿Por qué no enseñar en la diversidad desde la infancia?

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Quería referirme a otro asunto antes de concluir. He leído a gente defendiendo la posibilidad de una Elsa soltera. Y, sí, sería genial que Elsa quedara soltera porque daría la idea de que no hace falta pareja para ser feliz, algo con lo que estoy completamente de acuerdo. Pero, en mi opinión, si fuera lesbiana sería muchísimo mejor. Sobre todo por el detallito de que Disney no cuenta con ni un solo personaje LGBT en sus películas. Además, se nos olvida, e insisto mucho en ello, que las niñas y niños LGBT no tienen ni un sólo referente. Y lo necesitan.

Hay algo que también es clave: ¿a qué le hace falta una mayor normalización y visibilización? ¿A una persona soltera o a una persona LGBT con pareja? Fijaos como la gente ultraconservadora se ha desquiciado ante la posibilidad de una princesa lesbiana (véase las delirantes campañas de recogida de firmas de Hazte Oír, por ejemplo). Pongo la mano en el fuego, sin ningún miedo a quemarme, que esto no pasaría si Elsa se quedara simplemente soltera.

 scared2AAAAAAAAHHHH. Una princesa lesbiana, NOOOOOOOOO. AAAAAAHHHHH

Pero es que hay más. Debido a la poderosa heteronorma, que coloca a la heterosexualidad como sinónimo de neutralidad y se entiende que todo el mundo es heterosexual hasta que no se demuestre lo contrario, un personaje femenino soltero se interpretaría siempre como heterosexual si no da síntomas de lo contrario.

No deja de resultarme curioso que, para una vez que tenemos la posibilidad de tener una princesa Disney lesbiana, de repente vea a gente interesadísima en que la dejen soltera. Ya quisiera ver a esa misma gente defender la soltería con el mismo ahínco en el resto de películas Disney en las que todos los personajes son heterosexuales. Pero no, tiene que ser precisamente en ésta. Vaya.

No sé en qué va a quedar todo, pero sin duda Disney, una compañía con un poder de difusión enorme, tiene la oportunidad de romper prejuicios y de ser pionera en la visibilización y normalización de los personajes LGBT en las películas infantiles. Esperemos que dé un paso al frente y se decida a hacer algo que, me atrevería a decir, muy posiblemente sea histórico.

Esos LGTB sin orgullo

Se acerca el día del orgullo LGTB y detecto que existe aún gente a la que le sigue suponiendo una molestia, la mayoría de ellos heterosexuales pero también no heterosexuales. La más llamativa y la que me molesta más es la de estos últimos.

Indagando en sus motivos, me encuentro con que, enfadados y a la defensiva, afirman que lo que hagan con su vida privada es cosa suya y que no se sienten identificados con las manifestaciones de este día porque perpetúa un estereotipo a base de etiquetas.

Voy a intentar desgranar lo que se esconde detrás de este punto de vista que, en apariencia, pudiera resultar hasta lógico.

¡Es mi vida privada!

¿Realmente es algo privado? En mi opinión, no lo es tanto. Explico la razón: hasta el más tímido de los heterosexuales habla de su vida privada, de su pareja, continuamente y con toda la naturalidad del mundo, mientras que los LGTB no lo solemos hacer con esa espontaneidad. Hablar de tu pareja con tus amigos, conocidos, familiares es lógico. ¿Por qué para unos es natural hacerlo y para otros, en ocasiones, es un verdadero reto?

¡No me gustan las etiquetas!

Creo que a muchos os va a chocar lo que voy a decir, pero pienso que la etiqueta no es intrínsecamente un elemento negativo. En este caso es necesaria y cumple una función. Reivindicar la diferencia es también reivindicar derechos.

Hablando más claro. Por defecto, a todos nos otorgan la etiqueta estándar, la etiqueta de hetero, por eso es necesario que los LGTB reivindiquemos la nuestra en un gesto de decir: “también estamos aquí y necesitamos que se nos reconozca y respete”. Si no lo hacemos es como si no existiéramos. Entiendo el papel de la etiqueta como medio para llegar al objetivo final: que no las haya porque realmente se nos tenga en cuenta.

Resultado: invisibilización

Así pues, estas dos excusas (¡es mi vida privada! y/o ¡no me gustan las etiquetas!) derivan en la invisibilización.
Si algo es invisible, parece que no existe. Si sabemos que existe pero no se manifiesta, no molesta. En una sociedad dada, esta situación le viene de perlas a la perpetuación de un statu quo que otorga privilegios al grupo visible y hegemónico. Los invisibles tenemos la opción de seguir siendo invisibles y aparentar que somos del grupo privilegiado. No obstante, esta situación de aparentar es sumamente incómoda y cabrea a cualquiera que se vea en ella, si no a corto plazo, a medio o largo plazo.

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“Si aparentáis ser normales os respetaremos. Respetamos que tu pareja sea de tu mismo sexo siempre que sea en la intimidad y no lo digas. Molestáis a la gente de bien. Así que si existís, al menos aparentad que no existís. ”

¡Molestemos!

Sin embargo, ¿cómo os creéis que se ha conseguido que hayamos avanzado tanto en cuanto a los derechos de los LGTB? ¿Quedándose en casa? ¿Diciendo que es parte de la vida privada y que a nadie le importa? ¿Sin manifestaciones? ¿Sin reivindicaciones? Así las cosas, pareciera que de repente vino un mago y con su varita mágica obró el milagro de que se aprobaran leyes que nos otorgaran igualdad de derechos.

A Wizard Did ItTe equivocas, Xena

Todo esto se ha conseguido gracias a gente que ha salido a la calle, que ha luchado, que no ha optado por la comodísima posición de quedarse en la seguridad que le proporciona su casa, su armario, su jaula de oro, mientras intentaba autoconvencerse de que lo que hace no sólo está bien, sino que los que están equivocados son los que optan por dar un paso al frente.

En definitiva, se ha logrado “molestando”. Y, por cierto, no se molesta solamente acudiendo a la manifestación, sino en el día a día siendo valiente y dándole una patada a la puerta del armario. Es decir, exponiéndote, arriesgándote. Aunque parezca algo sin importancia, eso es luchar. Ahora bien, es una decisión personal y requiere mucha valentía. De hecho, quiero dejar muy claro que no lo echo en cara porque esta actitud de autoprotegerse es completamente lógica en un mundo donde ser heterosexual es la norma. Lo que sí me fastidia, y bastante, es que aquellos que no lo hacen se pierdan en excusas. La causa real de que no se quiera salir del armario no es que esté en el ámbito de la vida privada, es por miedo, por no distanciarse de la mayoría y arriesgarse a que te vean como un bicho raro.

En conclusión, bajo mi punto de vista el orgullo LGTB es totalmente necesario. Queda mucho por hacer. Sigue existiendo miedo, acoso, discriminación, y sobre todo, prejuicios de todo tipo. Es una manera de decir que estamos aquí, existimos, y esto juega a favor de un reconocimiento, de normalizar algo que debería considerarse normal. Actúa como elemento concienciador y reivindicador en medio de una sociedad extremadamente heterocentrista.

No es sólo una “fiesta” a la que acuden unos tipos en carroza disfrazados de manera extravagante (lo que me parece perfecto, a mí me encanta). Es una manifestación en toda regla a la que acude gente de todo tipo y de todas las sexualidades.
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Espero que en el futuro el carácter de reivindicación y de lucha que tiene este día cambie y simplemente se quede en un día de festejo en el que celebremos la diversidad sexual y la conquista de la igualdad real.

La homosexualidad en el mundo otaku: ¿tan aceptada como parece?

En este mundo del anime/manga se suele dar por sentada una aceptación de la homosexualidad generalizada. Los géneros yaoi o shounen-ai (para los no frikis: relación sexual/amorosa entre dos chicos) y yuri o shoujo-ai (relación sexual/amorosa entre dos chicas) son muy demandados y consumidos. Sin embargo, si bien es cierto que esta tolerancia es mucho mayor que en otros ámbitos, también lo es que la lacra de la homofobia sigue estando presente y aún queda mucho por pulir.

El caso es que me encontraba viendo un anime en el que, de manera inesperada, me sorprendió ver tanto contenido yaoi como yuri. Prueba de fuego para ver si realmente son tan tolerantes como dicen ser, pensé. ¡La que se lió en los comentarios! Guerra abierta entre yaoistas, por un lado, y yuristas, por otro. Quedé decepcionada, aunque en el fondo ya me lo esperaba: chicos encantados con el yuri, pero que decían darles asco el yaoi, y chicas encantadas con el yaoi, pero que decían darles asco el yuri. Soltaban lindezas que iban desde el tradicional “qué asco” o “cómo es posible que no tengan gustos normales” a otros más extremos como “cogería una pistola y me los cargaría a todos”. Sólo tres o cuatro usuarios parecían ser tolerantes de verdad en un mar de casi cien comentarios. Un par de capítulos más tarde las referencias a la homosexualidad se atenuaron y apareció una romántica historia heterosexual. Todo volvió a ser “normal” y todos tan amigos.

Y es que no hay muchos animes en los que se pueda ver escenas yaoi y yuri a la vez y de forma explícita. Creo que esto es así porque principalmente el yaoi busca la atención de un público femenino heterosexual y el yuri de un público masculino heterosexual más que buscar la atención de los/as homosexuales (aunque queda fuera de toda duda que la consiguen igualmente, como es lógico). Estas dos categorías están bien delimitadas para que no se produzca una “indeseable” mezcla que pudiera llevar a los fans de uno y otro género a “pelearse” o a sentirse timados por no cumplir con sus expectativas. De esta manera, cada uno de estos dos grupos, sin salir de sus respectivos “guetos”, tolera sólo la homosexualidad masculina o sólo la femenina, según toque.

La actitud de estos chicos y chicas no puede ser más hipócrita. Ni tolerancia ni leches: lo que les interesa es alegrarse la vista. Ni el uno ni la otra acepta la homosexualidad si no es para su propio deleite. Es por eso que llego a la conclusión de que este tipo de producto, en multitud de casos, no se hace de manera desinteresada para lograr la visibilización y normalización del colectivo LGTB, o para que chicos y chicas homosexuales nos sintamos reflejados en algún personaje, sino pensando en los propios heterosexuales que, al ser aplastante mayoría, son a los que interesa vender.

Situación

Descripción gráfica de la situación

Pero volvamos al tema de la homofobia. ¿Por qué se produce? ¿Por qué, por ejemplo, un chico heterosexual no puede ver yaoi con toda la naturalidad del mundo o viceversa, una chica heterosexual viendo yuri? No soy psicóloga, pero algo puedo intuir. Supongo que los motivos son del tipo “vaya a ser que la gente piense que soy gay/lesbiana…” “vaya a ser que me convierta en gay/lesbiana…” ¿Tanto te importa lo que piensen los demás? ¿Es malo que crean que eres homosexual? ¿Tanto duda esta gente de su sexualidad que parece que si eres un chico y ves yaoi te vas a convertir en gay y si eres una chica y ves yuri te vas a convertir en lesbiana?

Creo que toda esta hostilidad nace de la propia inseguridad. Al final no es que se tenga asco, sino miedo a uno/a mismo/a ante la posibilidad de que, al ver estos animes, emerjan en él o ella sentimientos homosexuales no aceptados y reprimidos. Alguien que tenga bien clara su sexualidad no tiene ese miedo.

Quizás es que yo sea muy rara pero en un anime, serie o en la vida real, si una relación de amor es bonita y sana, ¿qué más me da que sean dos chicos, dos chicas o un chico y una chica? No me cuadra mucho esa frase de “no me gusta el yuri” o “no me gusta el yaoi”, con esa incomprensible cara de cabreo que suele acompañarla, como si se hubieran ofendido, porque se está teniendo prejuicios antes de ver un anime que puede ser bueno, pero que al saber que tiene relaciones homosexuales ya no se quiere ver. Y por supuesto que comprendo que se pueda tener mayor preferencia por un género que por otro. Lo que no entiendo es ese odio y ese enfado.

Si bien es cierto que me consta que hay muchos chicos y chicas con un gran sentido del respeto y la igualdad, también lo es que actitudes como las que vengo describiendo son demasiado habituales. Aún queda mucho por hacer.