Reseña Moe Kare (Go Ikeyamada)

De nuevo hago una reseña de un manga shoujo con la sensación de que me repito más que el ajo. Y, sinceramente, estoy cansada de lo mismo. Siempre veo los mismos, o casi los mismos defectos en este tipo de manga: romantización de situaciones odiosas. En esta ocasión en especial se produce una romantización del acoso, la agresión sexual, los celos, la posesión de la pareja y la idea de que el sueño de cualquier chica es tener novio. Lo más grave del asunto es que estos mangas van dirigidos, de nuevo, a gente adolescente. Menudas enseñanzas.

Antes que nada, aviso que es una reseña llena de SPOILERS y mala leche. Si eres fan de esta mangaka o quieres leer el manga dale ahora a esa X roja tan mona del lado superior derecho de tu pantalla o luego no te quejes.

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Voy con el argumento. Una chica llamada Hikaru Wakamiya tiene un sueño: encontrar a un chico como los galanes de los mangas shoujo que tanto lee y tanto le gustan. Sueña con un chico que cuide de ella y la proteja, porque parece que es tan inútil que eso no lo puede hacer por sí misma.

La primera “gracieta” llegará pronto cuando un chico, Arata Ichikawa, la defiende de unos matones que intentaban abusar de ella y él toma la recompensa por su cuenta: darle un morreo (con lengua, babas y todo) a la chica sin su consentimiento. La escena está planteada de manera que parece una situación divertidísima.

Luego aparece otro chico, Takara Honda, que es clavadito a Arata (y que luego se descubre que es su hermano) pero que en principio tiene una personalidad diferente: éste se asemeja más al típico chico perfecto de un manga shoujo y, claro, nuestra protagonista cae profundamente enamorada.

La historia es ese triángulo amoroso entre estos tres imbéciles y nos deja el típico: uyyy, qué emocionante. ¿Con quién se quedará? ¡Ay, no puedo ni dormir nada más que de pensarlo!

Voy a hacer algún repaso del comportamiento de estos dos caballeros andantes para que os hagáis una idea de su atractivo, ilustrándolo con escenas concretas DIVERTIDÍSIMAS:

Arata Ichikawa, cuando comentaba antes que besa a la chica sin su consentimiento, dice algo para que la escena quede aún más graciosa: “Quería liarme contigo pero no tienes un buen culo ni tetas grandes” JAJAJAJAJAJA qué gracioso, me parto. Y entonces es cuando Hikaru se “indigna” y lo llama “el príncipe pervertido” JAJAJAJA. A partir de ahí, el chico la besa sin su consentimiento continuamente, la estampa contra el suelo, se la lleva a rastras donde quiere, levanta la falda a todas las chicas… JAJAJAJAJA Ay, qué pillín JAJAJAJA. Qué gracia, qué chispa JAJAJAJA. Pues eso, que esta joyita de muchacho, prepotente y violento, trata a las tías como si fueran una mierda. Pero, oye, que eso queda sumamente adorable JAJAJAJA.

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¡Khe gRasiOSosos y RomÀnticHoZ sHOn el HacohSo y lAs haGresioNes SepsuaLEs! XDDD ¡MhE paRtHo!

La cosa no se queda ahí. Una de las escenas que más nauseas me dio fue cuando, en una de las ocasiones que besa a Hikaru, se la lleva a la fuerza diciéndole que no dejará que se vaya y que no permitirá que le hable a otros chicos (y qué graciosa queda la viñeta con la chica gritando como una histérica porque se la lleva a rastras de la camiseta JAJAJAJAJA) Ayyy, qué mono, todo celosillo JAJAJAJA.

Y es que en esa ocasión el chaval estaba aprovechando que ella está borracha para llevársela a su casa con la intención de violarla. Dice, literalmente: “no dejaré que Takara se quede contigo y me da igual si te hiero haciendo esto”. TELA ROMÁNTICO. Cuando la tiene desnuda en la cama y se cansa de manosearla piensa: “¿Qué me pasa? ¿Por qué que no puedo seguir?”, para y la deja por fin tranquila. Ohhhhhhhh. QUÉ DETALLAZO. QUÉ TÍO MÁS MAJO. Por la mañana Hikaru se sorprende y se siente feliz porque LA HA CUIDADO CUANDO ESTABA BORRACHA y le está muy agradecida.

Por otra parte, a Hikaru le da miedo contarle a Arata que está saliendo con Takara. Cuando se entera, el chico se cabrea y le dice que debería haberla violado aquella noche. O en sus dulces palabras: “si lo hubiera sabido, habría tenido sexo contigo aquella noche aunque no quisieras y hubieras gritado”, dice mientras la tiene estampada contra el suelo y le da un morreo forzándola. Pero la escena queda preciosa cuando el chico le dice que lo ha hecho porque la quiere. OHHHHHHHHH, POR FAVOR, QUÉ TIERNO TODO.

Cuando Arata se declara a Hikaru, ésta lo rechaza y él le dice que “me da igual que me hayas rechazado, dame un mes y voy a hacer que te enamores de mí”. Traducción machirulo acosador-español: “Me paso por la punta del cipote tu voluntad y sentimientos. He decidido unilateralmente que quiero que seas mía y voy a seguir acosándote hasta que te consiga.”

El pobre chaval está confuso porque no entiende cómo le puede gustar una chica “estúpida y plana”. Y le da igual que esté saliendo con el otro chico, él va a seguir molestándoles porque está “enamorado”.

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Dios, dame un arma y dinero para la fianza que esto con paciencia no se arregla.

Vamos con el otro chico, Takara Honda, que es también un imbécil pero al lado de Arata parece un ángel celestial.

Como decía al principio, Hikaru se enamora de este apuesto muchacho, el típico “chico shoujo” perfecto. Tanto es así que la chica se esfuerza por entrar en el mismo instituto que él y gracias a que él le ayuda lo consigue. Aquí vemos otro estereotipo machista que se repite: él es muy inteligente y ella es una lerda. Ahora bien, cuando empieza a salir con Hikaru demuestra que es celoso y posesivo (como Arata pero sin llegar al acoso sexual, lo que es un DETALLAZO y eso por lo visto le hace ser un nice guy).

Protagoniza escenas y situaciones llenas de sinsentidos patéticos que te sacan de quicio. Por ejemplo, Takara y Hikaru quedan para pasar la noche de navidad juntos, pero en ese mismo día Ami, una chica que está enamorada de Takara y cuya función en la serie es echar mierdas sobre la pareja, es atropellada por un coche al salvarlo y sale muy mal herida. ¿Qué se hace esta mente privilegiada en esta situación? Romper con Hikaru para estar con la otra muchacha porque se siente culpable. Claro que sí, chaval. Seguro que al estar con Ami por pena la hará sentir mucho mejor. Y deja a la pobre Hikaru hecha polvo. Supongo que la autora quería hacer que rompieran pero sin estropear la “perfección” del chico, y le ha quedado una situación bastante ridícula y absurda.

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Pasa el tiempo, Ami se recupera, y Takara quiere volver con Hikaru a pesar de que fue él el que la dejó de mala manera. Pues mira, porque sí, porque lo importante son sus sentimientos. Le da igual que Hikaru ya lo esté superando. Y para ello nada mejor que aprovechar que está dormida en la enfermería para besarla sin su consentimiento. Sí, otro igual. Después de conseguir que ella vuelva a su lado, deja a la otra chica.

Como vemos, es un enfrentamiento entre estos dos machotes, que se podría resumir en uno diciendo “Te la voy a quitar”, y el otro: “No te permitiré que me la quites” (frases que dicen en innumerables ocasiones durante todo el manga). Como quien le quita la cartera a alguien. Ella parece que no tiene nada que decir. Al final acuerdan que quien gane un combate de karate se la queda. Dos machos luchando por su trofeo: la chica. Ella, la muy idiota, encantadísima y feliz.

En conclusión, y yendo exclusivamente a lo más grave, las violaciones y acoso sexual se banalizan. Y no sólo eso, sino que todo está planteado de manera que esas escenas pretenden hacer gracia. Es decir, no trata de un drama en el que la chica sufre por todos estos atropellos. No, no. Ella responde a esos abusos de manera “graciosa” y el mensaje que se da es que el chico lo hace porque la quiere.

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Al final me quedé pensando, ¿con cuál de estos dos merluzos es mejor que se quede? Y la respuesta es que no hay escapatoria, el único final posible feliz sería que los mandara a los dos a la mierda. Pero, desgraciadamente, sí se queda con uno. Con el peor. Toma ya.

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El lado oscuro del moe

El otro día asistía a una conferencia hecha por una de las responsables de uno de los portales de noticias otaku más famosos en España. El tema era el moe, que se define, según Wikipedia, como “una palabra del argot japonés que originalmente se refiere a un fetiche por los personajes de videojuegos, anime o manga”.

Hasta ahí, y en apariencia, es aceptable. Es tan sólo gente que se siente atraída por personajes de animación en función de su ternura, de su “kawaiismo”, sin connotaciones sexuales. Pero esto es tan sólo en principio. Me inquieta especialmente lo que significa ser una chica completamente moe en su aspecto físico y psicológico, y la línea que se sobrepasa frecuentemente y con muchísima facilidad haciendo que el moe derive en otras cosas no tan inocentes.

¿Qué representa la chica genuinamente moe? Es una chica estereotipada: mona, dulce, adorable, pero también débil, inútil y necesitada de protección. Presenta a las chicas como sumisas y estúpidas, sin criterio propio. Esto, al parecer, es tremendamente kawaii e idílico.

La cosa se pone aún peor cuando se le añade la connotación sexual. Y digo por qué: la chica moe en cuestión suele ser una niña pequeña mona y débil, perdida, indecisa… Pero no nos preocupemos, que acudirá el machote para “guiarla”. La chica se convierte en una especie de mascota dependiente de su amo, perfecta para las fantasías sexuales de jóvenes y adultos mucho más mayores que ella.

Sin títuloNiÑaZzZ de 8 aÑozZz… mmm!!!

Puede que suene muy bestia pero, si miramos la definición que nos ofrece la RAE de pedofilia, encajaría a la perfección: “atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes”.

– HoLLe pErO Zi ZoLo zOn DiVuGiToOoZzZz
– Independientemente de que sea ficción, ¿es recomendable fomentar este tipo de actitudes? Recordemos que el pedófilo, aunque no necesariamente es un delincuente, sufre una desviación sexual. Que esto se normalice y se vea gracioso e incluso guay en los animes es, cuanto menos, peligroso.

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Ay k pErBeRtiDilLo, eS GraSioSo xdxdxdxdxd

En la conferencia esperaba algún atisbo de crítica, tanto por parte de la conferenciante como del público. Me equivocaba. Y lo que más me asusta es que, en su mayoría, los reunidos era gente joven que se presupone inquieta, inconformista y crítica. Pero nada, pasividad, silencio. No sólo les parecía perfecto sino que lo defendían. Parece ser que todo lo que venga del anime y de Japón es tan maravilloso…

La conferenciante vino a decir que no tenía nada de malo el hecho de que la sociedad valorara por encima de todo el que una chica sea mona y dulce. Es decir, lo importante no es que sea inteligente, fuerte, o segura de sí misma, sino que sea mona, tierna y tonta. Esa es la mujer ideal, la que no cuestiona nada, la que puedes manejar a tu antojo, la que tiene las mismas funciones que un mueble o un florero. Un mero objeto. Vemos de esta manera cómo de nuevo se cristaliza y perpetúa el rol social otorgado a la mujer tradicionalmente.

En conclusión, hay animes o aspectos de los mismos que tienen un mensaje realmente espeluznante detrás. ¡Abrid los ojos!

Reseña Lucky Star (Kagami Yoshimizu)

La estrella sobrevalorada

Hay pocas obras con un título tan apropiado. Esta serie es tan famosa y está tan, pero taaan bien valorada que se considera poco menos que una maravilla que todo aficionado a la animación japonesa tiene que ver. Y tengo entendido que en Japón incluso se sacan andas con sus imágenes, cual si de santas se tratara. Sabiendo lo anterior, tras ver el anime en cuestión, sólo puedo pensar que realmente ha sido bendecido por alguna estrella, porque si no no se explica tanta adoración. Si tuviera que definirlo en una sola palabra sería «japonesada». Es un producto nipón con prácticamente todas las características que se suelen atribuir a estos: desde personajes de ojos grandes, peinados imposibles y aspecto «mono», hasta música chillona y colores brillantes, ideales para producir un ataque de epilépsia.

Sin títuloUno de los posibles efectos de ver Lucky Star.

El elenco esta formado por tópicos con patas: tenemos a Konata, la otaku despreocupada; Kagami, la tsundere responsable; Tsukasa, la soñadora inocente; y Miyuki, la inteligente torpe. Y esas son solo las protagonistas, pero a lo largo de los capítulos van apareciendo cada vez más y máaas hasta abarcar todos los clichés habidos y por haber. Aunque esto no es malo porque están hechos así a posta (o eso quiero creer) para parodiar los animes, los mangas y la sociedad japonesa. Si los hubieran concebido de ese modo pretendiendo que fueran originales y/o interesantes habría subido a un monte para tirarlos desde lo alto de un barranco; y Green Peace me habría multado por arrojar basura. No merece la pena seguir hablando de ellos porque no tienen facetas más allá de sus roles, son más planos que un charco y no hay nada más que me apetezca se pueda decir.

Sobre la trama. Pues consiste en… haber es cuandooo… sí, ese momento en que… mmm estooo, hablan. Toda la serie está compuesta por secuencias autoconclusivas en las que los personajes dicen o hacen algo. Ya está. No pasa absolutamente nada más. Se relatan, con un humor más simple que el mecanismo de un chupete, las vivencias de los personajes, buscando que te sientas identificado y/o te diviertas. Que sea simplón no quiere decir que sea demasiado malo, de hecho, suele hacerte reír. ¿Por qué digo suele? Porque este anime tiene la regularidad de una montaña rusa. Puede que con una escena te tronches y en las dos siguientes te quedes con cara de póquer, bien porque hacen referencia a algo que se te escapa (tienes que estar muy puesto en la cultura otaku o no pillarás ni un resfriado), bien porque hacían la misma gracia que una patada en el culo.

—SeRRà Qe tÙ noH PiyAs eL cHIsteh.
—En algunos casos puede ser, pero en otros digo que gracioso no significa decir o hacer la primera estupidez que se te ocurre.

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Vamos reíros. ¿No lo encontráis divertido? ¡Si es graciosísimo! ¿No? ¡¿No?! … No cuela, ¿verdad?

La serie busca complacer con un humor facilón y unos personajes con aspecto «adorable» (¿soy la única a la que esa pinta tan aniñada se le hacía inquietante? Nunca me han convencido esos personajes a los que te presentan diciendo que aunque, casualmente, aparenten once años son mayores de edad) hechos para que les cojas cariño. Además sus continuos guiños a tópicos y costumbres japonesas pueden hacerla interesante (lo cual no quiere decir que sirva para aprender cosas sobre Japón, no os engañéis, esto es al país nipón lo que las películas de instituto a Estados Unidos). Pero la parodia hay que tomársela muy en serio para que funcione, y a ratos este anime se convierte en lo que quiere parodiar, además de que puede perfectamente tacharse de insustancial, superficial y estúpido.

Mención aparte merecen Lucky Channel y los créditos finales. El primero, aunque al principio parece el típico relleno para llenar minutos, es una crítica al mundo de los ídolos japoneses que no está del todo mal. Y sobre los segundos, eso de que en cada capítulo sean una canción de un anime conocido es original, pero nadie ve los créditos de todas formas cansa rápido, algo de lo que los propios creadores se dieron cuenta, sin embargo, en serio, ¿en que momento pensaron que un tío haciendo el lilas mientras invoca a la lluvia (si eso es cantar yo soy María Callas) iba a ser más interesante?

A menos que seis fanáticos incondicionales de todo lo japonés o tengáis mucha paciencia y tiempo libre no es recomendable verla entera, es preferible limitarse a echarle un ojo a los mejores y luego a otra cosa mariposa.

Sentencia

Para entretenerse un rato y que cuando los autodenominados otakus la mencionen sepas de qué te están hablando.

PS: Por cierto el decir: «ooh Kotata es una monada y es otaku como yo, me siento muy identificado/a» no es un argumento válido para calificar a la serie de sobresaliente. Asumidlo.